Opinión Reportajes

Ana Peleteiro, colgada de las nubes

El deporte de élite y en concreto el atletismo constituye sin duda una actividad tremendamente sacrificada, pero como contrapartida positiva se convierte en un regalo cuando el talento del deportista en cuestión recibe la recompensa que merece el arduo trabajo y la meticulosa planificación que acometen tanto técnicos como atletas durante meses. Periodo crucial en el que consiguen la primera de sus metas: llegar en el estado de forma mental y físico ideal en el momento justo de la competición.

Es además gratificante y esperanzador comprobar el hecho de que soñar en deporte es volar, es la bendita ilusión que versaba Machado, el consolidarse en la idea de que existirá una segunda, una tercera oportunidad. Y este hecho en estos tiempos en los que las oportunidades escasean, debe tomarse como ejemplo y referencia, pues pese a las dificultades jamás se ha de desistir en la idea de que la realidad en muchas ocasiones está fabricada con la pasión e idéntica materia de los sueños.

El futuro tiene muchos nombres

Este es el caso de la gallega Ana Peleteiro, nadie puede hablar mejor que ella de aquella frase que legó Víctor Hugo: «El futuro tiene muchos nombres, para los débiles es lo inalcanzable, para los temerosos, lo desconocido y -en este caso para Ana-, para los valientes es la oportunidad». Y la oportunidad de Peleteiro posee muchos nombres, el primero de ellos su tremendo talento, luego el sacrificio, seguidamente la pasión, también la inteligencia y capacidad de elección como para ponerse a las órdenes técnicas de una leyenda del salto como Iván Pedroso; y sin ninguna duda su capacidad para dar lo mejor de sí en el momento adecuado, que en su caso coincide con la competición y ese salto final en el máximo pico de superación que la ha hecho entrar en la historia por derecho propio.

Ana siempre fue uno de esos nombres, de hecho fue campeona mundial junior en categoría juvenil, pero su carrera se convirtió en una montaña rusa. Se cayó tantas veces como las que logró levantarse, su precocidad, ese perfil armónico, las líneas de un físico modelado, dibujado, por dioses del olimpo, acabaron por elevar demasiado las expectativas depositadas en ella y en cierta medida escribió su odisea. Pero precisamente por ello el deporte es tan grande como los sueños, por la pasión que siente Peleteiro por él. Porque como ha confesado, hace un mes parecía un imposible que Ana estuviera si quiera en la cita de Glasgow 2019. Apenas podía correr ni saltar debido a una lesión, y dio su primer triple salto unos pocos días antes de competir, haciendo nueve apoyos.

Campeona de Europa

Y en Glasgow, aquella chica que ha vivido soñando cada día con los pies en el suelo, ha acabado colgada de las nubes que surcan el cielo, y desde aquí abajo, desde la Tierra la contemplamos con ojos curiosos y asombrados. Pues la atleta española comenzó con dos nulos, el segundo de ellos con la largura de la ilusión, y en el tercero voló la realidad, su realidad. La de una marca de 14,56 metros, marca persona,l el primer paso de gigante de sus piernas kilométricas y la fe de un gigante. La de esa atleta que siempre apuntó alto y volvió a despegar de la tierra, para colgada de la nube de la ilusión aterrizar en el mundo de nunca jamás a 14,73 metros, distancia que se acabó convirtiendo en inalcanzable para el resto de las competidoras.

Aquella que confirma que el deporte es sueño, es segunda y tercera oportunidad, esperanza, futuro. Son todos los nombres que le queramos poner, ese sueño que cuelga de las nubes y que en esta ocasión tiene nombre de mujer: Ana Peleteiro. Campeona de Europa en Glasgow, una atleta para la historia que superó el record de España que ostentaba Carlota Castrejana y, que con solo 23 años tras varios aterrizajes forzosos ya no dejará de volar; pues su vuelo se manifiesta en la ecuación de su zancada y por fin dejó de cumplir años para hacer realidad todos sus sueños.

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