Reportajes

Bill Bowerman, zapatillas voladoras

En el proceso fundacional de la poderosa marca deportiva Nike brilla la figura de Phil Knight y el nombre inicial de la compañía Blue Ribbons Sports, registrada y fundada un 20 de enero de 1964, pero en un segundo plano emerge otro personaje absolutamente esencial en los primeros pasos de la multinacional estadounidense. Y es que posiblemente sin la experiencia y creatividad de Bill Bowerman (Portland, Oregón 1911-Fossil, Oregón 1999) afamado entrenador de atletismo, la citada marca no habría llegado a ser lo que es hoy día.

Bowerman, en su insistente camino de investigación para la mejora del rendimiento deportivo de sus atletas, no solo aportó magníficas ideas sobre superficies y bebidas hidratantes, sino que dedicó un alto porcentaje de su creatividad en la confección de una zapatilla deportiva que acabaría marcando la diferencia en la historia del atletismo.

Nike, diosa de la victoria

Phil Knight se encargó de vender las ideas de Bowerman a los japoneses, a una fábrica de zapatos llamada Tiger, de la ciudad de Onitsuka, que acabó por impulsar definitivamente a la compañía entrando en firme competencia con las marcas europeas que dominaban el mercado mundial.

Una marca que oficialmente se convirtió en Nike el 30 de mayo de 1971, tomado de la mitología griega (Νίκη, pronunciado [Ní kɛ ː ː] en el sentido de la Victoria), diosa que personifica el triunfo a través de los tiempos de la antigua cultura griega. Cuyo equivalente romano era Victoria la diosa de la victoria y la fuerza.

Los beneficios del running

Solía decir Bowerman: “Dios determina lo rápido que vas a correr, yo sólo te puedo ayudar con la mecánica”. Y eso es lo que hizo durante toda su carrera educacional/profesional dedicada a la mejora del rendimiento de los atletas. Influenciado también en buena medida por su compañero Bill Hayward en la Universidad de Oregón.

Bowerman no solo importó zapatillas sino la conciencia y beneficios de correr/trotar a varios puntos del planeta. Una circunstancia que descubrió en Oceanía, pues mientras había acudido a Nueva Zelanda junto a su equipo a correr contra un equipo local, se percató de que muchos neozelandeses solo corrían por el placer y el beneficio que les proporcionaba la citada actividad física. De ahí y entroncando con un concepto llamado ‘jogging’, surgido de un artículo de su colega Arthur Lydiard, en el que hacía referencia a una actividad en la que un grupo de atletas se reunían periódicamente para trotar, construyó su propia concepto. De aquel trote neozelandés y el ‘jogging’, surgió el ‘running’ con Bowerman como apóstol evangelizador.

Un deporte al alcance de todos

Bowerman trasladó su propia versión a Eugene, dando inicio al primer club de corredores de su país, la de un deporte muy democrático y que todo el mundo podía practicar con relativa sencillez. Un deporte en el que no se compite contra nadie y en el que siempre gana el que lo practica. Pensó entonces que todo el calzado deportivo para correr estaba diseñado para atletas livianos, y al servicio de aquella nueva concepción que Bowerman descubrió en Oceanía, sobre sus beneficios no solo para los atletas sino para mejorar la vida de todos, puso toda su creatividad.

La posibilidad de hacer deporte y salir a trotar después del trabajo acabó perfilando un tipo de zapatilla universal. Para ello Bowerman, que poseía una dilatada experiencia en el manejo de equipos de atletas y corredores; captó magníficamente la sugerencia de uno ellos, que le sugirió que para él, su zapatilla ideal sería aquella que más se pareciera a sus blandas chanclas de baño.

La Nike Cortez y el gofre

De esta manera comenzó a diseñarse la mítica Cortez, partiendo de una chancla de baño, pero esta no fue su única revolucionaria idea, puesto que no demasiado tiempo después y tratando de innovar en la mejora del agarre de las zapatillas sobre las superficies, mientras desayunaba junto a su mujer Bárbara Bowerman frente al río McKenzie, en las afueras de Eugene, se quedó mirando el gofre que estaba desayunando.

En aquel momento le llegó la revelación, y tras destrozar la máquina con la que su mujer le preparaba su desayuno favorito dio forma a la zapatilla con clavos que cambió para siempre el volar de los atletas sobre las pistas de atletismo. Aquellas que consiguieron las que consideraba como las tres grandes máximas de unas zapatillas deportivas: ser cómodas, livianas y duraderas, a las que sumó una más, el agarre. El cuero y el metal quedaron para siempre atrás…

Las Nike Moon

Bowerman fue sin duda un hombre tremendamente inquieto, detallista al límite y amante del deporte era sumamente original, muy observador; de tal modo que cuando Neil Amstrong, escenificó la llegada del hombre a la Luna en 1969, aquel pequeño paso para el hombre y gran paso para la humanidad, se le ocurrió que debía de hacer unas zapatillas cuyo modelo hiciera sentir al atleta tan ligero como un astronauta andando con gravedad cero por la superficie lunar. De ahí surgieron otras míticas zapatillas a las que bautizó con el nombre de Nike Moon.

A un costado de la pista del Hayward Field, de Eugene, emerge la figura de bronce de Bowerman, que parece observar las evoluciones de los nuevos talentos mientras que por aquella cabeza siguen circulando ideas innovadoras. Aquella irritante insistencia motivacional que tanto sufrían sus corredores en el óvalo, pero que mitigaba con su sonrisa y casi en todas las ocasiones con una ocurrencia genial.

Todo era consecuencia de una intensa vida entregada al deporte, desde niño atleta y jugador de fútbol americano, pero en la que también protagonizó tan intensas como duras experiencias vitales. Como cuando en la Segunda Guerra Mundial enfrentó cuerpo a cuerpo a los soldados alemanes como parte de la 10° división de montaña. O como cuando fue seleccionador del equipo estadounidense que acudió a los JJOO de Múnich de 1972, en los que vivió también una dura experiencia.

Zapatillas voladoras

Phil continuó ligado a Nike hasta junio de 1999 cuando se retiró de la junta de directores, para morir tan solo seis meses después en su casa de Fósil, Oregón. Salió trotando, observando ángeles voladores y pensando en que algún día sus zapatillas no solo podrían desafiar a la gravedad, sino que realmente podrían volar, para hacer la vida más sencilla a los corredores y a Nike en la primera marca mundial.

2 Comments

  1. Interesante! Este tipo de historias no se encuentran en todos los portales….

    • Mariano Jesús Camacho

      Muchas gracias por su comentario, ese es uno de los objetivos de la redacción de Olympo Deportivo: informar de todos los deportes por igual e intentar contar historias de una manera original y diferente. Un abrazo!

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