Meeke
Opinión

Citroën y Kris Meeke: una lenta y dolorosa caída

Citroën echó a Kris Meeke del equipo el pasado jueves de una manera tan repentina como una pedrada en la cabeza. Lo sorprendente no fue el hecho de despedirle, sino el cómo.

A tenor de los malos resultados en lo que va de 2018, con un tercer puesto como mejor carta de presentación y varios accidentes fuertes cuando estaba en disposición de lograr podios, era evidente que estaba construyendo lentamente el camino a su perdición. Pero no deja de ser cruel que Citroën soltase la bomba apenas unos minutos después de que el propio piloto escribiese un largo texto reflexionando sobre su accidente en Portugal y cómo miraba con cierto optimismo hacia Cerdeña. Un magnífico chiste de humor negro.

Según informaba Diariomotor Competición, a pesar de lo repentino del anuncio, la decisión llevaba madurando desde el lunes, justo después del rally, hasta el día de la noticia, cuando le comunicaron vía telefónica a Kris que estaba en la calle. Sí, minutos después de su carta de motivación.  Una llamada que suena más a compromiso, por si quedaba muy feo que el piloto se enterase por Facebook.

Meeke siempre ha sido como su mentor y padrino, Colin McRae. Un piloto extremadamente rápido cuando está inspirado, pero muy propenso a los accidentes. Como Jari Matti Latvala, imparables cuando les sale bien la apuesta, pero no son regulares, lo que es incompatible para ser campeón del mundo. De ahí que los Sébastien tengan tantos títulos mundiales y Tänak y Neuville sean los únicos capaces de perseguir a Ogier.

Citroën sabía lo que contrataba en 2014, no sólo porque este comportamiento de “todo o nada” había sido una constante en el campeón del desaparecido IRC  de 2009, sino porque también  lo habían sufrido ellos en 2013 cuando le contrataron para un par de rallies: Finlandia y Australia. En ambos había sido muy rápido, pero había acabado sendas participaciones con accidente. Aún así decidieron  apostar con él, con la esperanza de que pudiese ganar finalmente algo de regularidad, y también porque no tenía nada mejor que contratar. Su compañero entonces fue un insulso Ostberg.

Sin embargo en 2014 y 2015 hizo lo que se le pidió, acabó casi todos los rallies, logró podios y si bien también tuvo su cupo de accidentes llegó a lograr su primera victoria en Argentina 2015. Esto le valió continuar en el equipo francés y además como líder.

Citroën se retiraría en 2016 para preparar su nuevo C3 WRC de cara a 2017, quedando el equipo satélite Abu Dhabi Total como encargada de los viejos DS3 WRC corriendo pruebas sueltas para que sus pilotos no perdiesen gen competitivo durante el año de parón. Sin presión alguna y beneficiándose de su orden de salida (lo cual generó, cómo no, protestas en su día) llegó a ganar en Portugal y Finlandia.

La situación para Meeke entonces era ideal pues no tenía nada que perder y podía arriesgar, dando el 100% sin pensar en el campeonato. Esta falta de presión le hizo dar lo mejor de sí. Y como podéis imaginar, cuando la situación es la contraria, cuando la presión es máxima, todo da un giro de 180º.

Meeke tenía que demostrar en 2017 que era un buen líder de equipo y que el coche que había ayudado a desarrollar era competitivo, y encima en una escuadra histórica como la de Citroën. Una tarea más propia de Ogier que suya. Y ahí empezó la caída.

La victoria en México al comienzo del año no fue más que un espejismo, el resto fue una sucesión de malos resultados y accidentes que le costaron incluso que Citroën le bajase del asiento por Andreas Mikkelsen en Polonia.

Pero ahí entra otro de los puntos claves de la tormentosa relación entre ambas partes. Citroën a lo largo de los años, más de una vez le dio algún que otro tirón de orejas a su piloto con un mal resultado, algo comprensible. Y este muchas veces se defendía de los sutiles ataques de su equipo. Una relación algo tirante, pero nada grave. Sin embargo, durante la pretemporada 2018 Meeke lanzó un dardo bastante importante. El C3 no nació muy bien, tenía un eje trasero demasiado inestable que lo hacía complejo de pilotar. Lo que según el piloto, había puesto su granito de arena en sus accidentes. Así que fue él quien le dijo al equipo que pusiesen a otro para demostrar que el problema no era suyo, sino del coche. No obstante, como primer espada, Meeke participó activamente en el desarrollo del vehículo. Así que parte de responsabilidad  también era suya.

Para entonces la confianza entre ambos era escasa, y tuvo que venir Sébastien Loeb como medida de emergencia a refrendar las palabras de Meeke en unos test privados del equipo. Por fortuna para las partes, se consiguió otra victoria, en este caso en Cataluña, para maquillar la difícil temporada.

De mal en peor

Pero 2018 ha sido aún peor. Para empezar porque este año aún no se ha logrado ninguna victoria, el coche se comporta mejor, pues el propio norilandés ha demostrado que el coche puede ir rápido en todas las superficies… Pero que no se trasladaba en buenos resultados por el temperamento del piloto.

Donde se ha visto su mejor cara este año ha sido cuando ha corrido junto con Loeb (algo que denota la emergencia y falta de confianza del equipo). Pues una vez que los focos se han alejado de él, ha podido correr sin esa falta de presión.  Y es que cuando el campeón del mundo volvió, Meeke decía que nunca había podido beneficiarse de tener a un piloto experimentado en el equipo y aprender de él. ¿Quizás de segundo piloto y con un campeón del mundo a su lado habría corregido con el tiempo su exceso de fogosidad? Nunca se sabrá, pero lo cierto es que ha demostrado funcionar mejor cuando no está en primera línea de fuego.

Citroën argumentaba en su comunicado que los fuertes accidentes del piloto fueron el punto culminante en su decisión, pues pusieron en peligro a todos. Algo similar a cuando decidieron retirar a François Duval durante un par de rallies debido a que su accidente en Chipre 2005 acabó con el Xsara WRC en llamas.

¿Pasará lo mismo con Meeke? Por un lado Citroën ha dejado claro que la participación con el piloto ha finalizado para 2018, pero por otro el equipo literalmente no tiene alternativa alguna. Breen no está preparado para ser  primer piloto, Ostberg ha reconocido que con tanto tiempo fuera del campeonato no tiene ya el ritmo necesario para estar en tiempos de cabeza, y cualquiera de sus protegidos en categorías inferiores, como Lefebvre, tampoco están preparados para subir a un World Rally Car. Además, a diferencia de 2005, las vacas gordas hace tiempo que desaparecieron, y no tienen a un piloto ganador. Citroën tiene un presupuesto ajustado y es difícil que esté por la labor de volver a contratar a un piloto que tanto dinero y disgustos les ha costado. Además de provocar la imagen pública de que están desesperados (si no la tienen ya).

Quizás esto podría provocar que uno de los equipos más exitosos de la historia del campeonato decida acabar su participación en el mismo.

En cuanto a Meeke, no sólo lo tiene difícil para seguir en 2018 de cualquier modo, sino en el futuro, con la funesta carta de presentación que ha adquirido. Se mire por donde se mire, no hay un futuro positivo para nadie.

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