Chelsea
Análisis

El Chelsea orquestado por Sarri

En la sombra. El Manchester City y el Liverpool logran recibir todos los elogios. Llueven hacia ellos constantes regalos en formas de halagos futbolísticos que engrandecen sus completos nombres. No obstante, el Chelsea de Londres siempre será ese conjunto que levanta pasiones como ningún otro. Y es cierto que el City de Guardiola es el equipo que más suena dentro y fuera de las fronteras anglosajonas en la actualidad. Sin embargo, el segundo clasificado del torneo inglés es el conjunto dirigido por Maurizio Sarri.

Hablamos de un filósofo. El napolitano, tras temporadas en el equipo de su ciudad, logró formular su ideario de lo que el fútbol debe ser. Ahora, en Londres, pretende extrapolar esta filosofía al equipo inglés con el único objetivo de alzar al Chelsea a lo más alto posible del podio europeo. Sin embargo, Sarri nunca fue un tipo resultadista, por lo que su máximo deseo es lograr que su nuevo equipo se consagre con un estilo definitorio que le permita ser un campeón.

Filósofo puro y duro

A Londres, sin duda, ha llegado para quedarse. Tiene, frente a sí, a duros rivales como Guardiola, Klopp, Emery o Pochettino. Pero el italiano ha impuesto a su disciplina una filosofía bien clara. Compleja de llevar a cabo, pero sumamente eficaz. Su juego se basa en las transiciones rápidas, con una velocidad del balón pasmosa. A través de pases entre líneas, los jugadores del Chelsea tejen una red ágil de conexiones que destruyen el posicionamiento defensivo rival.

Este aspecto cuenta con un factor imprescindible. La fluidez en las posiciones en el terreno de juego de los jugadores de Sarri favorecen la constante circulación del cuero. Así, jugadores como Willian, Kanté, Barkley, Kovacic o Hazard forman el trío que comparte y alterna los lugares clave para que el esférico recorra el ancho del campo.

Son precisamente Willian y Hazard los más fundamentales para el correcto ejercicio de su estilo de juego. Ambos parten como extremos, pero ni mucho menos fluyen por la banda pegados a la cal. Uno de los dos, dependiendo de la situación del momento, cede su espacio lateral al carrilero, quien puede recorrer la banda completa para llegar a línea de fondo, alargando y ensanchando así el dibujo de su equipo. El extremo acaba en la mediapunta, dando un apoyo a los carrileros, mediocentros que suben -Kanté, Barkley o Kovacic- y al delantero, ancla por naturaleza, quien, con sus movimientos sin balón, altera el orden defensivo del equipo contrario. Así el otro extremo parte con ventaja, al encontrarse con el apoyo constante de su carrilero, además de tener una inflación de compañeros en la zona central del último tercio y una banda completamente libre de marca que puede aprovechar el opuesto.

Sin embargo, quien da sentido a esta red tejida por Sarri es su comandante Jorginho. El ‘5’ deambula con precisión por el césped, ejerciendo de concertino para su entrenador. Sus gestos dirigen el juego como si de una magnífica ópera se tratara. Todos saben que deben circular en torno a él, quien facilita la transición, tanto defensiva como ofensiva, con sus inteligentes posicionamientos y sus inicios de jugadas rápidos.

A la hora de defender, el rival se encontrará con un estilo algo extravagante. Muchos podrán estar familiarizados con él, puesto que no es la primera vez que se ve en este deporte. El conjunto completo junta sus líneas cuando está por detrás del balón, reduciendo los espacios entre ellas. Así, se crea un bloque compacto que defiende en común, realizando una intensa presión con varios jugadores sobre la misma zona de actuación. David Luiz y Rüdiger son los gladiadores predilectos para Maurizio cuando hay que defender. Escudados por Jorginho y ayudados por los carrileros —Azpilicueta y Marcos Alonso como norma general—, encuentran siempre, gracias a la anticipación y la contundencia, la forma de alejar el esférico de la propia área.

Este Chelsea es uno de los más trabajados en cuanto a táctica se refiere. El de Antonio Conte no dejó indiferente a nadie, pero la llegada de Sarri a Stamford Bridge permite al aficionado al balompié soñar de nuevo con unos blues que se conviertan en campeones.

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