Alemania
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El epílogo de la nueva Alemania y la maldición del campeón

La derrota de Alemania (0-2) ante Corea del Sur consuma el fracaso de los hombres de Joachim Löw cuatro años después de coronarse en Brasil. Por vez primera, el conjunto teutón queda apeado en una fase de grupos.

Francia en 2002, Italia en 2010, España en 2014 y Alemania en 2018. En cuatro de los cinco últimos mundiales, el campeón fue eliminado a las primeras de cambio. Solo Brasil en 2006 se libró de una amenaza que en el siglo XXI siempre rompió de manera abrupta el sueño de revalidar el cetro, algo que en toda la historia solo han cumplido Italia (1934 y 1938) y Brasil (1958 y 1962).

Tras la decepción de la Eurocopa 2004, donde también cayó en fase de grupos, la selección alemana inició de la mano de Jürgen Klinsmann (2004-2006), en primera instancia, y posteriormente a las órdenes de Joachim Löw (desde 2006), un proyecto que nunca se bajó de las semifinales hasta que Rusia 2018 apagase los sueños de una generación única, la cual se elevó a los altares futbolísticos en el pasado mundial, dejando partidos míticos para el recuerdo como el 1-7 ante Brasil en semifinales.

Más allá de los resultados, la eliminación supone el primer revés para un camino revolucionario que ha cambiado la forma de entender el fútbol en todo un país. En 12 años, el paradigma del fútbol teutón ha virado para priorizar la técnica de sus jugadores y el juego de posición, sin olvidar el físico y la verticalidad que siempre les caracterizó. En este equilibrio, donde el trabajo con las categorías inferiores ha sido básico, se asentó la fórmula de un éxito truncado por primera vez.

La de este mundial fue una historia de pura impotencia para Alemania, donde a diferencia de los anteriores campeonatos, siempre fue a paso cambiado desde que cayera ante México (0-1) en su debut. Tras un gran planteamiento de Juan Carlos Osorio, que taponó a Kroos para jugar a la espalda de pivotes y centrales de la mano de Hirving Lozano, el conjunto teutón no fue capaz de imponer su ley en una segunda parte donde sí llegó a someter a los aztecas.

Tras el negativo comienzo, el planteamiento conservador de una Suecia muy coral le hizo vivir en el alambre hasta que Kroos, una de las pocas figuras alemanas que han sobresalido en este mundial, les hizo mantenerse vivos para una última jornada donde Corea del Sur puso la puntilla.

Las causas de la eliminación

Son muchos los motivos que invitan a la reflexión de Alemania tras una decepción que nadie esperaba, aunque ninguno de ellos ofrece certezas absolutas. Cuando suceden este tipo de debacles en un campeón del mundo, la lucha contra las expectativas suele ser la causa que justifica el fracaso, sin embargo, no parece que sea el caso en un grupo acostumbrado a la máxima presión.

No obstante, esta máxima sí puede entrar en juego cuando las cosas se tuercen desde el inicio. Tras la derrota ante México el combinado teutón se vio obligado a nadar a contracorriente, lo que, entre la presión y el acertado planteamiento de los rivales, sí ha podido jugar en contra de un grupo de jugadores donde nada, salvo la fiabilidad de Kroos y Kimmich, ha funcionado.

En anteriores campeonatos, Alemania fue una máquina bien engrasada en la que cada pieza conformaba un colectivo sobresaliente. Salvo en momentos puntuales, los hombres de Löw imponían su fútbol desde el inicio, adelántándose pronto en el marcador y sometiendo a los rivales con la inercia. Cuando esto fallaba, siempre aparecían salvadores, los cuales brillaron por su ausencia en Rusia, excepto en el caso de Kroos.

La pérdida de jugadores como Lahm, Schweinsteiger y Podolski ha pesado demasiado, así como el bajo estado de forma de piezas clave como Khedira, Özil, Müller, Hummels y Boateng, lo que evidencia el epílogo de un gran grupo de jugadores, que por primera vez Löw no ha sabido regenerar.

Y es que de la nueva generación, únicamente Kimmich ha respondido al reto, pues hombres como Draxler, Werner, Gündogan o Brandt no han sido capaces de asumir un liderazgo que ya comenzaba a corresponderles. Sin un gran goleador en los últimos años, Müller siempre solucionó las papeletas más difíciles, pero ante el mal estado del bávaro, Alemania nunca encontró un sustituto.

A ello se le suma la pobre dirección del técnico, que en ninguno de los tres partidos logró encontrar ni el equipo, ni los cambios satisfactorios en el banquillo. Todo esto ha hecho que durante los tres partidos se haya visto un equipo roto en las transiciones, incapaz de romper líneas y carente de gol, donde el único recurso parecía ser el centro lateral.

Pese a que Löw todavía no lo tiene claro, la federación alemana lo ha ratificado en el cargo hasta 2022, lo que supone una clara señal de la confianza en un proyecto que salvo en Rusia siempre rondó el éxito. Eliminada en primera fase por primera vez desde 1938, cuando no existían los grupos, hoy Alemania se enfrenta a una nueva regeneración de la que dependerá la perpetuación del modelo.

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