VAR
Opinión

El éxito del VAR que el fútbol no quiere comprar

Quedan muchas cosas por contar en un Mundial que de momento se presenta muy competitivo. La calidad táctica ha llegado a casi todas las latitudes y, por ello, hemos asistido a alguna que otra sorpresa, mientras la igualdad es la tónica general.

No sabemos todavía cómo va a ser recordada Rusia 2018, sin embargo, hay algo que, a buen seguro, quedará en nuestra retina, aunque la rutina del futuro amenace la memoria de la primera vez. Se trata del VAR y su presentación mundial, pues si ya está instalado en algunas ligas y campeonatos internacionales, como es el caso de la Copa Liberadores, esta ha sido la primera vez que este novedoso sistema de videoarbitraje se examina ante todo el planeta tierra.

Y tras la jornada inicial del campeonato, el primer balance que podemos hacer es que el ruido que genera su aplicación soterra, en buena parte, sus beneficios. Han sido varios los partidos en que la intervención del VAR ha sido decisiva y las críticas han aflorado por todas partes, desde antes del inicio y, por supuesto, después.

Más allá de las críticas

Da la sensación de que pasase lo que pasase, este sistema de videoarbitraje revisado iba a ser duramente criticado. Futbolistas, técnicos, comentaristas, aficionados parciales y neutrales… todos han cuestionado sus efectos, basándose en el supuesto descenso de espectáculo que este genera, así como en la ruptura de las tan necesarias dinámicas que los equipos necesitan para imponer su juego sobre el rival.

Sí, es cierto que en las jugadas dudosas la celebración de goles no puede ser definitiva, tal como le sucedió a Diego Costa y a todos los españoles ante Portugal. Y que parar el partido 45 segundos después de la acción en cuestión puede resultar chocante, sobre todo si el balón ya rondaba el área contraria. Además, a esto hay que sumarle el tiempo que tarda el árbitro en decidir, que puede ser mayor si acude personalmente a revisar las imágenes.

Para muchos todo esto es un atentado para el espectáculo y contra la esencia del propio juego. No obstante, este tipo de afirmaciones tajantes y rotundas, las cuales hemos venido escuchando durante los últimos días pueden ser cuestionadas desde muchos puntos de vista, ya que los beneficios son muy superiores a los perjuicios.

En busca de la justicia

Para empezar, debemos ir a lo prioritario. Uno de los objetivos de cualquier deporte de competición creíble debe ser el de favorecer las condiciones óptimas para que exista una disputa justa entre los contendientes. Parece de perogrullo, pero, en la mayoría de ocasiones, nos olvidamos de un asunto que es completamente básico. ¿Qué interés tenemos en que el trabajo de cualquier equipo se eche por la borda debido a una acción que el ojo humano no puede juzgar con claridad? Éticamente, ninguno positivo.

Entre la justicia y el espectáculo, la justicia siempre debe ir por delante, sobre todo si el detrimento es mínimo, y el VAR permite acercarnos a ella en gran medida. Por supuesto, que está sujeto a interpretaciones y en la propia jugada de Diego Costa quedó claro, ya que la decisión del árbitro pudo ir perfectamente en un sentido u en otro. Sin embargo, la ayuda de las imágenes permitirá clarificar la mayoría de las jugadas, tal como se ha demostrado en casi todas sus aplicaciones en Rusia 2018.

Asimismo, que una o dos revisiones por partido, por regla general, vayan en contra del espectáculo es un argumento también muy discutible. Puede que en alguna que otra ocasión no se puedan celebrar los goles con claridad, tal como se ha hecho siempre cuando estos se producían en posible fuera de juego. También que los parones se produzcan en situaciones controvertidas, pero nada de lo sucedido debería valer si la acción se considera punible. Es fútbol ficción.

En algunos casos no será así y puede que se anulen innecesariamente jugadas de peligro, pero, sin duda, sería mucho más grave para el fútbol que dejen de sancionarse acciones claras por evitar este tipo de circunstancias, las cuales serán generalmente aisladas, dentro de una media de entre 50 y 57 minutos de tiempo efectivo. Hay que tener en cuenta que antes de que el árbitro principal revise, ya hay un equipo que ha examinado la escena, por lo que en la mayoría de los casos, tras el VAR habrá castigo.

Del mismo modo, también podemos utilizar el elemento al revés. ¿Tiene sentido todo lo que sucede después de una acción ilegal que no se ha sancionado? La respuesta es bastante clarificadora.

Sus consecuencias se normalizarán

Respecto a la tardanza de las decisiones, esta será similar a la de otras deportes de equipo como el rugby o el fútbol americano, que ya asumieron los cambios con una mayor normalidad (entre 40 y 50 segundos tras la jugada). En el fútbol, donde, probablemente, las acciones a juzgar por el videarbitraje sean más determinantes para el desarrollo del juego (pocos goles por partido), resultará esencial seguir puliendo el método. Toda evolución será positiva, pero el VAR ha llegado para quedarse.

Asismismo, técnicos y jugadores tendrán que adaptarse, descubriendo nuevas dinámicas y posibilidades en el juego de las que también acabaremos disfrutando. También lo harán aquellos, prensa y aficionados, que justifican que la esencia del fútbol está en el debate posterior. Y es que las polémicas seguirán existiendo, solo que serán diferentes e incluso puede que acabemos mostrando una mayor empatía con los árbitros, una figura que ha ganado en credibilidad ante los futbolistas durante el juego.

Lo que está claro es que el VAR está cambiando el fútbol para siempre con el objetivo de convertirlo en un deporte mejor y más justo. Los inicios siempre fueron duros, pero es cuestión de tiempo que todos lo asumamos como un elemento más de la rutina.

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