Fútbol Sala
Reportajes

El Fútbol Sala, un deporte ‘esponja’

A escasos días del comienzo de la nueva temporada regular hemos querido retrotraer la mirada al pasado siglo para conocer y entender los orígenes de un deporte que no goza de tanta difusión ni eco como su hermano mayor, pero que cada día gana más adeptos gracias a la espectacularidad de su juego y a la sublime calidad de sus jugadores.

La Liga Nacional de Fútbol Sala echó el cierre el pasado mes de junio con la conquista del trofeo por parte del Inter Movistar en un apasionante playoff frente al ElPozo Murcia que se resolvería con un global de 3-0 en la eliminatoria para el equipo madrileño. Sin embargo, el cuadro murciano se tomaría su particular ‘vendetta’ con los alcalaínos el pasado fin de semana ganándoles la Supercopa (3-5).

Decir fútbol sala es hablar de los mismos ingredientes y emoción que en el fútbol once pero en dimensiones reducidas. Lo que muchos quizás no saben es que es un deporte ‘esponja’, que durante su historia ha absorbido detalles y disquisiciones técnicas de otros, tales como el baloncesto, el voleibol, el balonmano o el waterpolo, de las que más adelante dejaremos constancia.

Para ubicar un punto de partida del fútbol sala como deporte hay que remontarse a 1930, en las calles de una Uruguay enfervorizada y desatada tras la conquista del Mundial de fútbol que ellos mismos organizaron. Las calles de Montevideo respiraban aires puramente balompédicos, con personas de todas las edades jugando en campos improvisados.

Fue un profesor, Juan Carlos Ceriani, el que empezó a poner las primeras piedras y cimientos de lo que décadas después se convertiría en un deporte con todas las letras. Él se dio cuenta de que los chavales jugaban a la pelota en pistas de baloncesto ante la ausencia de canchas de fútbol en las calles de la capital uruguaya. Lejos de alarmarse o de echarse las manos a la cabeza, este maestro charrúa promovió la práctica del balompié en lugares de medidas más pequeñas que un campo de fútbol y destinados a otros deportes.

El campo en el que se jugaría ya estaba ideado, ahora faltaban las reglas del juego. He aquí el punto álgido y sustancia del fútbol sala. Ceriani creó una mezcolanza de normas que significarían un auténtico éxito. Del baloncesto recogió los cinco jugadores en cancha, los cuarenta minutos de juego reglamentario y el posicionamiento de los jugadores, además de la prohibición de chutar a puerta desde cualquier lugar y distancia del terreno de juego. Del waterpolo adoptó algunas ideas para la posición y manera de emplearse de los arqueros.

El ‘Fútbol de Salón’

La solvencia, elegancia, finura y clase con la que se desenvolvían por el campo los que practicaban este revolucionario deporte le hizo ganarse en las calles de Uruguay el apodo de ‘Fútbol de Salón’ y se extendió por más países americanos como Brasil, Argentina, Chile o Perú. Fue el momento en el que empezaron a surgir las primeras polémicas en torno a la creación de este deporte.

Podríamos afirmar sin dar lugar a muchas dudas que los orígenes del fútbol sala están fijados en Uruguay, tal y como hemos contado. No obstante, existe otra corriente de pensamiento que fija su nacimiento en Brasil, a finales de 1930; en los pies de la Asociación Cristiana de Jóvenes en Sao Paulo, que pusieron la primera reglamentación y comenzaron a vestir de uniforme en los partidos.

Una fecha clave para el devenir del ‘futsal’ sería 1965, con la creación de la Confederación Sudamericana de Fútbol de Salón (actualmente afiliada Asociación Mundial de Fútbol Sala) y precursora de la Federación Internacional de ’Futsal’ (FIFUSA). Esta denominación fue el causante de un debate entre la FIFA -que todos conocemos- y FIFUSA por el nombramiento del deporte, que quedó esclarecido guardando el nombre ‘Fútbol Sala’ para todas aquellas actividades tuteladas por el organismo europeo, aunque en 1985 terminaría por llamarse ‘futsal’ definitivamente.

En la actualidad, el futbol sala se practica en todos los rincones del planeta y, pese a no poder competir en términos de ingresos, publicidad ni iconicidad y reconocimiento de sus jugadores con el balompié de once contra once, goza de una gran popularidad y está en continuo crecimiento. Países como Brasil o España pueden presumir de tener  a los mejores jugadores del mundo en sus filas y de ser selecciones muy fuertes y temibles.

Alberto Ardila.

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