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Opinión

El Giro desde dentro

Solo los amantes del ciclismo sabemos disfrutar de lo que es una etapa de una gran vuelta en vivo y en directo, y de todo lo que le rodea. El pasado 24 de mayo tuve la gran oportunidad de presenciar y vivir una etapa de alta montaña del Giro de Italia.

Invitado por un amigo, pude desplazarme al norte de Italia y disfrutar de la 14ª etapa de la “corsa rosa” entre Agliè y Oropa (Biella), en la provincia de Piamonte. Era una etapa dura, puesto que en los últimos 75 kilómetros se concentraban dos puertos de primera categoría y uno de segunda, y donde se preveían intentos por derrocar a Rigoberto Urán, líder en ese momento, aunque finalmente no fue tan decisiva para la general.

Desde la tarde antes a la etapa se podía comprobar cómo todos los pequeños pueblos de montaña por los que pasaría la etapa estaban decorados con lazos y globos rosas, banderas italianas o pancartas animando a los corredores de la tierra. Muchas personas hacían planes para ver el paso de la carrera en algún punto o subir uno de los puertos tanto a pie como en bicicleta.

Mi intención era salir temprano de la casa en bicicleta y realizar los últimos 60 kilómetros de la etapa, de forma tranquila, recreándome en el ambiente y en el entorno. En 20 minutos pasé por Coggiola, donde encontré un gran ambiente pese a que era temprano y aún quedaba mucho tiempo para el paso de la carrera. Estaban engalanando la calle principal del pueblo con pancartas y pintadas en el asfalto donde comenzaba el puerto de segunda categoría.

Bielmonte es un puerto de casi 20 kilómetros pero no tiene grandes desniveles; mientras subes pasas por varios pueblos de poquísimos habitantes pero de gran belleza natural, los paisajes son muy verdes y no dejas de ver guiños al Giro, como ‘bicis’ pintadas de rosa o escaparates de tiendas decorados con alguna mención al mundo del ciclismo.

Cuando coroné Bielmonte me di cuenta de los cambios de temperatura que deben soportar los corredores, puesto que entre el inicio del puerto y su cima podría haber entre 10 o 12 grados menos. Eso sí, el gran ambiente te ayuda a entrar en calor.

Giro Italia

Desde lo más alto del puerto, a casi 1.500 metros de altitud, se ven montañas aún con nieve y unas vistas increíbles. A partir de ahí comienza un descenso de 20 kilómetros que nos llevará a Biella y que transcurre casi paralelo al río Cervo, pudiendo disfrutar de un paraíso de la naturaleza.

En Biella ya se palpa lo que mueve esta carrera; es donde mas afición me encuentro, está solo a 12 kilómetros del final de etapa, donde los autobuses de los equipos están estacionados y, además, todas las marcas patrocinadoras del Giro han montado su circo para hacer publicidad.

Ya solo queda Oropa (1ª categoría). En las primeras rampas del puerto se pueden leer pintadas recordando a Pantani por su gran exhibición en esa misma montaña en 1999. El número de ciclistas aumenta considerablemente y en cada curva los tifosi son cada vez más abundantes y ruidosos. Los laterales de la carretera están ocupados por caravanas con banderas de distintas naciones. La gente, aficionada o no tanto al ciclismo, disfruta de un gran día.

Al fin culmino el puerto y llego al Santuario de Oropa, dedicado a la Virgen Negra, en cuya cima no cabe un alfiler. Bajo hasta el cartel de 700 metros hasta la meta, para ver el paso de los ciclistas por ese punto. Ahí es donde puede apreciarse el gesto de sufrimiento que llevan la mayoría de ellos, lo duro que es este deporte y la gran diferencia que hay en estas etapas entre los primeros y los últimos.

Un día para no olvidar en el que he podido descubrir por qué el Giro es la carrera más dura pero a la vez la más bonita del ciclismo.

Alfonso Benítez.

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