Reportajes

El karate busca su hueco en las Olimpiadas

Nunca han estado demasiado claros los criterios de admisión de deportes en los Juegos Olímpicos. Son frecuentes las protestas de eurocentrismo, de dar preferencia a actividades con más tradición en el mundo occidental, relegando a un segundo plano a las originarias de otras latitudes. El karate es un ejemplo excelente: esta arte marcial originaria de Japón tiene gran cantidad de practicantes en todo el mundo (cien millones, según la Federación Internacional), la mayoría de ellos en el lejano Oriente, y permanece fuera del programa oficial. Sin embargo otras disciplinas con mucho menos tirón popular, como la vela, la halterofilia, la hípica o el tiro, ahí siguen, sin que nadie se plantee sacarlos.

Parecía que, por fin, la situación se iba a corregir. De hecho, en los próximos juegos, los de Tokio 2020, habrá karate, como uno de los cinco deportes nuevos propuestos por el comité organizador. Sin embargo, ya se ha anunciado que en París 2024 volverá a desaparecer. El golpe para los aficionados ha sido más doloroso que un mawashi geri en pleno rostro.

El motivo, fundamentalmente, es que el olimpismo considera que hay 25 deportes que forman el “núcleo duro” del programa y el resto (normalmente tres) se incorporan en cada edición en función de los gustos particulares del país anfitrión y de las tendencias de cada momento. Eso explica que algunos, como la pelota vasca o el polo, hayan sido olímpicos pero ya no tengan cabida. Japón escogió el karate para la edición que organiza, pero Francia ha optado por otras más habituales en su territorio… y más adaptados al público joven, a la audiencia del futuro, como la escalada, el surf o el skate. De hecho, el plan a largo plazo es incluir los eSports; todavía no ha dado tiempo.

Es normal que algunos deportes aparezcan, otros desaparezcan y la cantidad total se mantenga más o menos estable. Si ya de por sí resulta caro organizar unos Juegos, hasta el punto de que la gran mayoría de las ciudades que lo hacen acaban teniendo pérdidas, incrementando las competiciones el gasto podría dispararse a niveles inasumibles. El karate va a ser quien pague los platos rotos, a pesar de todos los esfuerzos que ha hecho a lo largo de su historia para ser olímpico. Incluida la incorporación de protecciones para los combatientes y la unificación de federaciones (hasta no hace mucho Japón, la mayor potencia, iba por un lado, y el resto del mundo por otro), uno de los requisitos que exige el COI para siquiera planteárselo.

Una larga historia

La historia de amor y desencuentros entre el karate y el olimpismo es larga. Ya en los ’70 Jacques Delcourt, francés, creador de la Federación Europea (que acabaría convirtiéndose en la Mundial), lo intentó sin éxito. La siguiente intentona seria llegó en 2009, cuando se votó la posibilidad en la sesión del COI de octubre de aquel año (la misma que eligió a Río de Janeiro para la edición de 2016), pero no se alcanzó la mayoría necesaria de dos tercios que sí lograron el rugby y el golf. En 2013 parecían haberse hundido todas las esperanzas, puesto que se decidió que un conjunto de artes marciales, en el que estaba también el wushu, no sería tenido en consideración para futuras apariciones en los Juegos. Sin embargo, dos años después se volvió a abrir la puerta y en 2016 se aprobó su inclusión de cara a 2020.

La indignación de los karatekas es notable, porque ni siquiera han tenido la oportunidad de demostrar si funcionan bien dentro de un programa olímpico: ya se lo han cargado de cara a 2024 antes de comprobar su rendimiento en Tokio. Es frustrante no solo por la publicidad que da a un deporte el hecho de aparecer en el acontecimiento deportivo más visto en todo el mundo, sino también por el dinero que se deja de percibir en concepto de subvenciones del COI. Así que, con la esperanza de que se rectifique la decisión, se está lanzando una campaña, muy activa en redes sociales como Facebook y Twitter. Con los bandazos que da el olimpismo, quién sabe si lo acaban consiguiendo.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*