Tour de Francia 2014
Opinión

El Tour de las caídas

Las caídas son parte del ciclismo. Es un hecho habitual que esta fortuita acción tumbe a algún ciclista y le aparte de la carrera. Sin embargo, en esta edición del Tour de Francia ese tópico se ha transformado en un impertinente compañero que ha desvirtuado por completo la competición ciclista más esperada de este siglo. El duelo que todos los aficionados esperaban entre los dos ciclistas con mayor potencial para grandes vueltas de la última década no ha sido y nunca será ya. Todo porque la fortuna, el albur, el destino o como le quieran ustedes llamar no lo ha visto adecuado. y ha preferido regalarlos una carrera más igualada, obviando el combate entre los estelares Froome y Contador para ofrecernos una lucha entre aspirantes.

No vimos las señales que nos enviaba la providencia, a pesar de ser bien claras. Ya el primer día, en la llegada a Harrogate (Inglaterra) -localidad de ascendencia familiar de Mark Cavendish-, vimos como el británico, favorito para ser el vencedor de la etapa y el primer líder de la carrera, acabó siendo el primero en ocupar la lista de abandonos. Ganó el alemán Kittel (Giant-Shimano), que también ganaría la tercera etapa. Nibali (Astana) venció en la segunda, demostrando la buena forma en la que llegaba al inicio de la ronda francesa.

La serpiente multicolor desembarcaba en tierras galas en la cuarta jornada, y la organización anunciaba la retirada de Andy Schleck. Un mal augurio, que precedió a la primera caída de Froome, aparentemente sin graves consecuencias. En meta, otra vez Kittel levanta las manos y se lleva el premio. La siguiente jornada es la del temido adoquín, donde Boom vence y Nibali convence, pero que remata a Froome (Sky team) y deja la carrera coja. El actual campeón se marchó contrariado, junto con una mano y una muñeca fracturada.

Los días trascurren y nada cambia. Climatología de perros y más victorias alemanas con Greipel y Martin, intercaladas por la que Trentin se lleva ante Sagan por medio tubular y la de Kadri en una buena fuga. Por supuesto, muchos más abandonos de buen nivel, todos por caídas, como los de los españoles Xabi Zandio, Jesús Hernández y Egoitz García, junto a los escaladores Frank, De Clercq o Atapuma.

El momento de Nibali

Llegaba la hora de la verdad, el décimo día de competición, el esperado encuentro con la montaña. Alberto contador (Tinkoff-Saxo) anunció batalla, buscando remontar el tiempo perdido el día del adoquín y con ganas de empezar a demostrar sus cualidades de campeón. “Hoy comienza el Tour” comunicaba el pinteño a primera hora del día de ayer. Se equivocaba, ayer se acabó el Tour. El suyo y el de casi todos. Fractura de tibia, lágrimas de rabia y cara de circunstancias para el madrileño. Vincenzo Nibali vence con holgura en La Planche de Belles Filles, dejando a Joaquim Rodríguez (Katusha) con la miel en los labios tras protagonizar una fuga que le ensalzó como líder de la clasificación de escaladores.

Queda más de la mitad de carrera, no han pasado aún los Alpes ni los Pirineos, y sin embargo parece que el guion de esta carrera, igual que el de una mala película, ya lo conocemos. Sagan (Cannondale) domina el llano y la media montaña, y se llevará el maillot verde de los puntos. En la clasificación de la montaña, si Purito quiere disputarla -como así parece- no va a encontrar un rival digno de su nivel, ni aunque lo busque debajo de las piedras. El amarillo es igual o más claro aún. Nibali decía llegar a este Tour mejor que nunca, convencido de que no era un duelo lo que se iba a ver en carrera, sino una terna, una disputada lucha entre tres iguales. Pues se ha quedado sólo. Sus modestos rivales ven la oportunidad de alcanzar un lugar en el pódium con el que ni soñaban, y que, pensando más en conservar el puesto que en arriesgar, no deben ser rival para el siciliano. Al fin y al cabo él es el único capaz de romper la carrera con sus ataques.

“Adiós” al exiguo idilio con el ciclismo épico. “Hola” al ciclismo moderno que nos concede unas buenas siestas; ese de los ataques a un kilómetro de meta, el del pinganillo, la calculadora y el conservadurismo extremo. En París le espera un Tour a Nibali, aquel que iba a ser el del duelo, o el del trío según unos pocos, y que lamentablemente al final resultará ser el de los abandonos. Nibali merece, sin duda, ganar un Tour por su forma de ser, por lo que aporta al ciclismo con su constancia, por su valentía y por su gentileza en la victoria y la derrota. Debiera por ello haber tenido la opción de ganarlo ante un grande para demostrar que él también lo es. Deseo equivocarme y que al menos encuentre rival estos días, para que su victoria final sea más destacada, porque hoy por hoy, su rival más fuerte es ese ente imprevisible que mandó a casa a sus grandes rivales, la mala suerte.

César Casas.

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