Reportajes

Íbero: humildad, respeto y sacrificio

Pasan las siete y media de la tarde. Comienza a oscurecer, pero el vetusto campo de fútbol de El Olivar todavía no duerme. Es testigo de las últimas patadas, los últimos placajes del día para los jugadores del Íbero Club de Rugby. Pablo es el capitán de este equipo. Reconoce que empezó en el mundo del rugby en la Universidad, «casi por casualidad”, y que en ese momento no sabía que llegaría a su vida para quedarse. Desde que empezó a jugar no ha podido dejarlo, y del equipo universitario pasó a formar parte del Íbero.

El deporte oval siempre ha estado muy vinculado con la educación por valores como el respeto, la humildad y el trabajo en equipo. Y en Aragón el rugby es el deporte universitario por excelencia. Por eso, no es de extrañar que la mayoría de los integrantes de este club sean antiguos jugadores del Trofeo Rector de la Universidad de Zaragoza. El impulso que se ha dado en las universidades a este deporte contribuye a que este sea uno de los mejores momentos que atraviesa el rugby en España.

Aunque hace ya más de cincuenta años del nacimiento del Seminario de Tarazona, este deporte ha quedado ignorado por la presencia del fútbol, el baloncesto y el tenis, especialmente. Sin embargo, los hitos deportivos del Fénix (hoy en día el principal equipo de la región), la apuesta por la formación en categorías inferiores y el nacimiento de nuevos clubes explican el crecimiento que experimenta el rugby aragonés en los últimos años.

Todavía no ha cumplido cuatro años, pero el Íbero ya cuenta con el apoyo de una parte importante de la comunidad universitaria. Nació de la iniciativa de antiguos jugadores del Trofeo Rector, que veían factible la existencia de otro club en Zaragoza: “Pensábamos que una ciudad como Zaragoza, con 700.000 habitantes, podía y debía tener un tercer club que compitiera contra Fénix y Universitario”, afirma a Olympo Deportivo el presidente del Íbero, Alejandro Cases.

Pasión por el rugby

El amor por un deporte, la ilusión y el esfuerzo fueron suficientes para dar vida a un club que sueña con llegar a lo más alto. “Es posible que seamos el equipo con menos recursos humanos y económicos de la regional aragonesa, pero suplimos estas carencias con humildad y lucha por un sueño”, sostiene Cases. Un sueño que poco a poco, con la constancia como bandera se está consiguiendo: extender la afición por el rugby en la capital del cierzo.

El club empezó a entrenar todos los viernes y a los jugadores más experimentados se sumaron los que jugaban por primera vez y los que habían quedado desvinculados de otros equipos. Y esa unión de veteranos y novatos, esa inclusión de todos en un mismo club y ese compañerismo son lo que, según Roberto Pérez, entrenador del equipo femenino del Íbero, hace tan bueno este deporte: “Lo mejor del rugby es que es un deporte muy inclusivo, en el que desde el jugador más grande y pesado hasta el más pequeño y delgado pueden jugar. Lo único que tienen que hacer es entrenar con humildad y respetar a los demás”.

Humildad, respeto y sacrificio, los tres pilares sobre los que desde su nacimiento se ha sustentado el Íbero. Un lema que bien resume el sentir de jugadores, entrenadores y directivos de este club. Pero al principio la ilusión, el respeto y la humildad no fueron suficientes. En la primera temporada, el equipo masculino ganó dos partidos y el femenino no venció en ninguno. A pesar de los malos resultados, desde el club se consideró que ese primer año se había solventado con éxito y las derrotas no frenaron a una entidad que seguía firme en su deseo de ser cada día mejor.

Y sin perder su señal de identidad, a base de constancia y sacrificio, los resultados comenzaron a llegar, y con ellos la mejoría. “El masculino ha pasado de recibir palizas, a ganar a históricos del rugby aragonés. El femenino, ha pasado de quedar último a ser el único que ha ganado a las campeonas de Liga. Y además hemos creado la escuela para dar a conocer este deporte entre los más pequeños”, señaló Cases.

En este sentido, el vínculo entre deportistas y entrenador es esencial. Roberto Pérez es el entrenador del equipo femenino. Pese a que su amor por el rugby se remonta a la infancia, no fue hasta hace menos de tres años cuando comenzó su carrera como entrenador. Ha sido su primer año dirigiendo al equipo femenino, una experiencia que considera “muy positiva” por todo lo que han conseguido hasta ahora. “Al principio de la temporada se puso como objetivo terminar en las cuatro primeras posiciones, y hemos ido de menos a más hasta terminar en tercer puesto y empatadas con el segundo clasificado”, justificó el entrenador.

Alejandro Cases sonríe ante lo mucho que han mejorado tanto el equipo femenino como el masculino en este tiempo. Pero a la falta de recursos económicos y humanos se sumará el año que viene una dificultad añadida, la marcha de muchos de sus jugadores. Y aunque sabe que eso entrañará complicaciones al principio, espera mejorar el papel de esta temporada: “En estas competiciones te puede cambiar mucho el equipo de un año a otro, pero creo que ambos equipos pueden estar más arriba de lo que han estado esta temporada”. Y es que pese a las dificultades, el Íbero se ha convertido en uno de los equipos con mayor proyección en Aragón, fiel a su filosofía y trabajando como indica su lema, con humildad, respeto y sacrificio.

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