Liverpool
Opinión

Kiev, Liverpool-Real Madrid y el eterno retorno

Dicen en Anfield, que a diferencia de lo que muchos piensan sobre que el gran secreto del Liverpool se encuentra en las botas del Faraón egipcio Salah, este reside en otro gran número de variables e imponderables futbolísticos a los que solo tienen acceso las leyendas.

Es más, cuentan no muy lejos del mítico cuarto de las botas, el famoso Boot Room, que tampoco este se encuentra en el carisma, la personalidad y los conocimientos de Klopp, su mediático entrenador, sino que posee relación directa con el peso de la historia, la leyenda y el paso del tiempo. Aquel que acaba por hacer realidad aquella tesis de Hegel -defendida por Marx- respecto a que la historia siempre acaba repitiéndose.

Quizás todo tenga relación con lo que opinaba Nietzsche, posicionándose en un concepto de no linealidad temporal y el eterno retorno de los acontecimientos, puede incluso que en cuestiones de fútbol y el eterno caminar del conjunto de Liverpool atesore un sentido poético, relacionando la suya con la visión de la historia de Mark Twain respecto a que la historia no es que se repita, sino que posee rima. Y toda rima tiene un sonido, un aire musical e iniciático en aquellos años sesenta en los que música y fútbol se unieron para crear una de las mayores leyendas de la historia del rodar del balón.

La leyenda de You’ll Never Walk Alone, tema compuesto por Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II para el musical Carousel versionada por el grupo Gerry & The Pacemakers en 1963 y adoptada por el sentir de la grada The Kop, por esos 27.000 seguidores que la convirtieron en un himno y la seña de identidad del club. Quizás todo tenga relación con sensaciones y situaciones inexplicables, con el caminar a través de la tormenta, en busca del sol, siempre con la cabeza alta y esperanza en el corazón. Solo de esta forma puede comprenderse esta historia, este eterno retorno que lleva al club de Anfield a las puertas de Bill Shankly, a los pies de su perfil de bronce que refleja sobre el pentagrama de aquella canción una frase que canta la gran verdad de su caminar: “Él hizo feliz a la gente”.

Y en realidad todo se resume en ser feliz y hacer feliz el rodar del balón de la manera más sencilla. Desde la humildad y la inteligencia para en una sola frase transmitir toda la complejidad del mundo. Solo de esta forma se puede explicar cómo el Liverpool logró aquel milagro de Estambul en 2005, cuando al descanso perdía 3-0 ante el AC Milan y acabó siendo campeón.

La rima circular del tiempo

Dicen que solo una leyenda es capaz de vencer a otra y en la final de Kiev se da una conjunción mítica que tardaremos en volver a disfrutar pues el Liverpool, su historia, tendrá enfrente al rey de la competición, al Real Madrid que igualmente persigue convertir en tesis futbolística la hipótesis de que en el mundo esférico la historia también se repite. El equipo de Zidane sueña también con el eterno retorno, en este caso con el dejavu del Ballet blanco del Madrid de Di Stéfano y Santiago Bernabéu. Real Madrid – Liverpool, el fútbol hecho baile frente al fútbol hecho canción, una leyenda frente a otra, una cita con la historia sobre el pentagrama verde de la vieja Europa.

Por ello se presenta tan atractiva la final de Kiev, porque en esencia caiga de una lado u otro la victoria final, supondrá la constatación de la no linealidad del tiempo, sino su rima circular y esférica. Su eterna repetición, que en el caso del Liverpool solo puede explicarse como un cantar, como el de las 27.000 alondras que cantaban en Anfield -en The Kop- y que para Klopp solo tiene un camino, aquel que le lleva a sentarse sobre las cajas de madera que había en el cuarto de las botas y desde las que el mediático técnico alemán debe hablar como Bill Shankly y pensar como Bob Paisley para hacerle creer a sus jugadores que la historia les pertenece. Y que en lugar de un baile –concepto futbolístico profundamente arraigado en el privilegiado sentir estético de Zinedine Zidane- el fútbol tiene que vivirse como una canción en la que nunca caminarás solo…

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