Análisis

La Champions League de Messi

Las semifinales de la Champions League siempre están llenas de tensión y de emoción. Esta temporada, tres equipos han logrado llegar hasta ahí ante la sorpresa y la eliminación de equipos mucho más potentes. Pero todos han demostrado estar a la altura y merecer un premio del calibre de unas semifinales que podrían ser mucho más extraordinarias. En una semana importante de fútbol y con el final de las ligas acechando, la Champions se ha convertido en el torneo que mayor expectación genera gracias a dos partidos de ida de semifinales que han saciado enormemente gracias a cuatro equipos que han sabido practicar un muy buen fútbol.

Pero todo se tornó en fiesta cuando el Camp Nou experimentó, una noche más, la tormenta que es capaz Messi de desatar con una facilidad que aterra. El Liverpool no pudo hacer nada para evitar sus envites y vio cómo la final se escapaba de entre sus manos, a pesar de hacer un partido que no merecía una goleada. En esa final estará enfrente, con bastante probabilidad, el Ajax de ten Hag. Los holandeses golpearon primero a un Tottenham al que se le complicó la defensa de unos jóvenes que hicieron un fútbol asombroso, de nuevo. Y es que han sido unas semifinales de un gran nivel táctico.

La gloria regresa con Messi

La razón volvió a brillar en el fútbol por su ausencia. A Leo Messi no le pareció bien que el Liverpool entonase un monólogo balompédico que amedrentara a sus compañeros. Se vistió de gala y, con sendos destellos de divinidad, volvió a instaurar el monopolio del poder supremo para dar al Barcelona medio pase a la final de la Champions League. Todo fue ante un Liverpool que Klopp artículo diferente debido a la baja casi forzada de Firmino, que empezó el partido en el banquillo. Con Wijnaldum ejerciendo del brasileño, por detrás de Salah y Mané, la imagen de los ingleses en el Camp Nou asustó desde el principio a los blaugranas.

La gran baza de Klopp era Salah, que dirigió con versatilidad y acierto al equipo. Las alternativas pasaban por las botas de Keita, muy activo; y de Robertson, que hizo de su carril izquierdo una autopista que dificultó su trabajo a Jordi Alba. Sin embargo, la baja de Naby Keita obligó a Klopp a volver a modificar su planteamiento, con Milner más orientado ahora a la zona siniestra a la vez que el ingresado Henderson se ocupaba de la banda derecha.

Pero el gran triunfador fue Valverde. Su equipo volvió a competir desde la férrea defensa, sin miedo a un Liverpool con personalidad que quería y tuvo el balón en el feudo culé. No obstante, el equipo catalán tiene algo inapelable. Ter Stegen, ya de por sí, permitió al Barça mantener la compostura, pero el gol de Luis Suárez tras una buena jugada de Alba hizo que el Liverpool jugase a contrarreloj. El resto ya es historia. Un sublime Messi volvió a golpear —una vez más, por partida doble— con dos apariciones meticulosamente medidas. Y el fútbol volvió a guarecerse en una figura que es histórica.

La escuela holandesa madura en Inglaterra

El logro inconmensurable llegó el martes. En tierra británica, el Ajax se presentó con la intención de continuar haciendo su fútbol. Poco pudo hacer Pochettino ante los hombres de ten Hag, capitaneados por un van de Beek tan sublime como desapercibido para el ojo humano. Ziyech término por culminar una actuación de categoría, a pesar de que el Tottenham se mantuve firme y sólido en todo momento, cuajando un buen encuentro.

Sin embargo, el fútbol transitivo y posicional de la escuela holandesa golpeó de nuevo como visitante. Van de Beek, más adelantado esta vez, propuso una anulación completa de la asociación formada por Eriksen y Alli. Las bandas eran la mejor baza que trató de explotar el propio Tottenham, pero los jóvenes pupilos del Ajax ya saben sufrir como veteranos. Y esto, unido a una táctica y un fútbol casi revolucionario, les ha permitido divisar el partido de vuelta en Holanda con una final ante el Barcelona más posible y merecida que nunca.

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