La crisis del fútbol
Opinión

La crisis del fútbol

Los últimos grandes eventos futbolísticos a nivel mundial han puesto de manifiesto la preocupante tendencia cíclica hacia la ausencia de belleza e identidad, frente a la imparable tendencia crematística del negocio. A lo largo de la historia, el fútbol siempre estuvo constituido por la fuerza cíclica de dos poderes, dos estilos muy diferentes de llegar al éxito.

Esta circunstancia aconteció desde sus orígenes, cuando los ingleses apostaban por un fútbol más directo ‘kick and rush’ y los escoceses preferían un juego más elaborado ‘passing game’. Brasil, que siempre se caracterizó como ejemplo de buen juego y espectáculo, llegó a dudar de la ginga, su identidad, tras el fracaso del Maracanazo del 50′ y el intento fallido en Suiza 1954. El fútbol brasileño consideró seriamente que debía acercarse al modelo europeo para competir. Afortunadamente Nilton Santos, Garrincha y Pelé llegaron a tiempo para solucionarlo. Brasil regresó a su personalidad interpretativa del juego, pero por cuestiones crematísticas lo volvió a abandonar. El balompié brasileño es un ejemplo muy gráfico de lo que sucede en el fútbol a nivel mundial: el negocio prevalece ante el buen juego y el espectáculo.

Garrincha, regateador nato. | Foto: FIFA.

El mundo del fútbol atraviesa por un limbo de juego que aburre al espectador, la Copa América fue una decepción y tan solo algunas pinceladas la salvaron, la Eurocopa fue muy física, demasiado táctica. La final constituyó la confirmación de todo ello. Francia poseía mucho Black Power, pero la propuesta de Deschamps no fue nada atrayente; las ausencias de Benzema y Gameiro denotan el estilo de su entrenador.

Finalmente Portugal se coronó campeona prácticamente sin haber ganado un partido en el tiempo reglamentario. Gracias en gran medida a la lectura táctica de Fernando Santos, un técnico muy pragmático que reconcilió a los lusos con su karma, resarciéndose de la debacle de 2004, cuando la rácana Grecia de Rehhagel les quitó la Eurocopa en casa.

Fernando Santos lleva a Portugal al cielo de Europa | Foto: UEFA.

Resulta preocupante el hecho de que el negocio devore al juego, que sus artistas, los que se suben al verde escenario, no logren el vínculo afectivo con el espectador. El debate entre jugar bien y jugar mal, ganar o perder sigue existiendo, pero la confusión y la crisis de identidad la marcan los dividendos económicos.

No puede ser que Pirlo y Xavi sean considerados futbolistas en peligro de extinción, que la dictadura de Messi y Ronaldo se dilate tanto en el tiempo. Algo se está haciendo mal, hay que reflexionar sobre el lugar que ocupa el fútbol en la sociedad. Hoy día es mucho más un negocio que un juego, cuando hasta no hace mucho era pura representatividad. El sentido de pertenencia al barrio, una forma de expresar un estilo, una identidad que está siendo devorada por los dólares.

Mariano Jesús Camacho.

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