El modelo de España
Opinión

La esterilización del toque español exige nuevas soluciones

El fracaso de España en Rusia 2018 evidencia la necesidad de matizar el clásico modelo sin renunciar al juego de posición. La vorágine creada tras la destitución de Lopetegui no ayudó a un equipo que mostró muy pocos recursos sobre el verde.

Anda el foco mediático exclusivamente centrado en los nombres propios de Luis Rubiales y Julen Lopetegui para explicar la inesperada debacle de la selección española en un Mundial donde llegaba como favorita y aunque, por supuesto, la influencia de este espinoso asunto se ha dejado notar, conviene ampliar el análisis.

No contar con el entrenador que había preparado el Mundial no ha sumado, sobre todo porque Lopetegui se había encargado de sumar en la clasificación para Rusia algunas alternativas al juego -la defensa de tres centrales es un ejemplo-, a las cuales Hierro no ha sacado partido. Además, en la lista se intuían una serie de recursos que presumiblemente harían más rico el juego del colectivo, como demostraban la presencia de extremos del calibre de Marco Asensio y Lucas Vázquez, centrocampistas llegadores como Saúl y delanteros tan versátiles como Iago Aspas y Rodrigo.

Más allá de las consecuencias tácticas, a tenor de las reacciones de algunos de los jugadores, la destitución de Lopetegui tampoco ha beneficiado el ánimo del grupo. Por tanto, no parecía una decisión acertada la salida del preparador vasco a dos días del comienzo, sin olvidar que fue el propio técnico el que acordó su salida al Real Madrid tras el Mundial a espaldas de la federación, por lo que, al contrario de lo que se apunta desde algunas esferas mediáticas, la responsabilidad de este asunto es compartida por sus protagonistas.

Volviendo al fútbol, este Mundial está dejando claro que los equipos que salen adelante son aquellos que mayor capacidad de adaptación demuestran y esto no solo se manifiesta en la elección de los jugadores y la táctica desde el inicio, sino que durante el propio transcurso del encuentro necesitarán variar su modelo de juego para resultar ganador. Selecciones como Brasil, Francia o Bélgica son un claro ejemplo de esta cuestión.

El futuro pide cambios

Durante el partido ante Rusia, España completó 1029 pases acertados sin que apenas existiesen atisbos de profundidad, lo que supone una alejación considerable del modelo que la llevó al éxito. Pese a que en algunos partidos concretos del periodo exitoso, el toque funcionó únicamente como mecanismo de defensa, la posesión siempre había un sido un camino para llegar al área con regularidad y la completa esterilización del combinado español en estos octavos de final justifica la necesidad de alternativas.

Probablemente, ante las selecciones con mayor potencial, el modelo clásico del toque tenga mayores posibilidades, tal como se demostró ante Portugal, sin embargo, las características de Irán, Marruecos y Rusia exigían respuestas diferentes y España solo parecía tener una, algo que en los torneos cortos suele pagarse caro.

La marcha de Xavi y Xabi Alonso, la pérdida de Iniesta y Piqué, el presumible ocaso de Silva… Son muchas las noticias que invitan a abrir un periodo de reflexión sobre el futuro de la selección. Sin necesidad de perder la identidad, pues España sigue contando con jugadores de extraordinaria calidad técnica, más que capacitados para bordar el juego de posición, y, al fin y al cabo, es lo que la diferencia de otras naciones, cada día se hace más necesario introducir matices en el clásico modelo.

Hoy más que nunca, la Roja posee un repertorio de jugadores inmenso de características muy diversas. El futuro puede presentarse ilusionante por mucho que el núcleo de campeones del mundo y Europa esté viviendo sus últimos días. Mientras haya jugadores como Isco o Thiago será posible mantener el plan A, pero no debe ser un problema introducir matices, tal como algunas de las decisiones de Lopetegui habían dejado entrever, para optimizar el rendimiento del equipo en los grandes torneos, lo cual no supone una pérdida de identidad.

Si a través del control de la posesión no es posible obtener la profundidad necesaria debido a las características del rival o al estado de los jugadores disponibles, explorar otras respuestas que pueden resultar igual de válidas es un recurso inteligente. No debe ser un drama entregarse en determinados momentos a la velocidad de extremos como Asensio y Lucas Vázquez, poblar el centro del campo con jugadores como Rodri, Busquets, Koke o Saúl, recurrir a la defensa de tres centrales, emplear una doble delantera, o utilizar el pase largo hacia Diego Costa para asentarse en campo contrario y dominar el juego con más continuidad.

De la capacidad del nuevo entrenador para adaptarse a lo que demande cada partido y a las posibilidades de los jugadores dependerá la evolución positiva de España en un fútbol cada vez más entregado a la táctica. El futuro pasa por poner el estilo al servicio del equipo y olvidar una esclavitud que no suele conducir al éxito.

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