Leo Messi
Opinión

Leo Messi, tratado sobre los aforismos de D10S

Sólo una vez el mundo se quedó sin palabras. Fue cuando el mundo preguntó: «¿Quién es D10S?». El primer pensamiento de ese D10S fue un balón, la primera palabra Gol; de hecho conoció su segundo nacimiento cuando su alma y su cuerpo se amaron y casaron con su primer pensamiento. Y le dieron un balón y, con él desafió al mundo que le persiguió con mil pies; pero jamás pudieron atraparle. Porque ese D10S del balón mide el tiempo según el movimiento de incontables goles como soles que brillan en el no tiempo; mientras que el resto lo hace con pequeñas máquinas que cuentan los segundos, los minutos, las horas… Es un río de luz, que corre desde la ex eternidad hasta la eternidad, no en vano sus compañeros de profesión miden el espacio tomando como referencia la distancia que existe entre la Tierra y el Sol, mientras que para él el espacio no representa espacio alguno, puesto que a diferencia de los demás, D10S lo contempla desde las ventanas de la Vía Láctea.

Hay un espacio entre la imaginación y los logros del hombre que sólo puede atravesar D10S con su zurda, que reside en el paraíso, ubicado justo tras la puerta de su bota, en la habitación contigua a la imaginación, que es la de la magia y cuya llave solo la posee el número diez. Además su importancia jamás residió en lo que logró, sino en lo que ansió lograr: jugar para disfrutar y hacer disfrutar a los demás. Pues a este D10S le dieron un juguete redondo y mostró un camino posible a la felicidad, le dieron un trozo de tierra y plantó miles de semillas que no eran otra cosa que sus anhelos, los sueños de la primera palabra que pronunció: Gol.

Dicen que para que un mito se convierta en realidad solo se necesitan dos personas; una, para contemplarla, y otra, para contarla, y la existencia de ese D10S hace tiempo que dejó de ser un mito. Sencillamente porque su recuerdo se conservará para siempre en la retina de los que lo vieron y en las voces y las palabras de los que lo contaron. Porque ese D10S escribió su propia historia mojando la pluma en los corazones de los aficionados con conocimiento, arte y magia: conocimiento de la música de las jugadas, el arte de ocultar su arte y la magia de amar a sus imposibles. Y es que otros muchos mitos del fútbol escribieron sobre el verde verdaderos poemas, pero el D10S rosarino siempre ha sido el éxtasis de un poema no escrito.

Su historia fue la canción que surgió de una boca sonriente: Ronaldinho; un verso a su abuela Doña Celia, la de los cantos de su propio corazón. La canción que alentó silenciosa en el corazón de su abuela, melodía en la zurda de su nieto. Un canto a la belleza que siempre tendrá público y que como la inspiración, que siempre canta, nunca perderá el encanto. Pues este D10S siempre jugó para descubrir la belleza y vivir la emoción, de hecho el aburrimiento murió justo el día en el que él nació. El fútbol gracias a D10S es un juego luminoso, jugado por un pie luminoso, en un verde tapiz luminoso. Mientras que la mentes de los demás viven entre números, la suya viaja en alfombra voladora, pues es libre a la luz del gol y libre ante la estrella de la jugada.

Como a todo hijo de vecino, pese a su condición de D10S del balón, también le visitan ángeles y demonios, pero se deshace de ellos con pasmosa facilidad, porque como muy bien dicen: Sólo cuando te persiguen te haces veloz. Es más se le atribuye una frase con enormes visos de realidad: No tengo enemigos, rivales, pero si es preciso que tenga un enemigo, que su fuerza sea igual a la mía, y que sólo la verdad triunfe. Y la verdad triunfó porque la de ese D10S es la vida bailando sobre el césped, el desorden, ansioso de orden, una callada tempestad que rompe cinturas y líneas con un amago, un pase, un regate, una arrancada. Porque D10S es lo evidente, es eso que no se ve si no se expresa con sencillez, es el viajero y navegante que cada día, en cada partido, descubre una nueva región del alma del fútbol.

Sólo él puede trazar la línea que separa lo necesario de lo superfluo, pues busca el sentido al fútbol y a la vida con pies alados; es más, tal búsqueda es su vida misma. Su ingenio es posiblemente una máscara y, tras ella se oculta en numerosas ocasiones tanto el genio irritado, desatado, como el talento juguetón. Pues esta divinidad del balón elige las alegrías, que son jugadas, mucho antes de sentirlas y años luz antes de que le llegue la pelota a los pies. Y ya se sabe ante una alegría tan grande, a sus pies el mundo se vuelve pequeño.

Siempre fue veloz como una liebre, pero aprendió a ser tortuga para conocer mejor el camino de la jugada. Por mucho tiempo fue un sueño en el sueño del fútbol, que despertó y le dio el ser para ansiar la eternidad, que en su caso son los poemas no escritos por escribir, y los cuadros no pintados por pintar. El arte de D10S, descendiente de todos los reyes del fútbol que han vivido en todas las épocas, un paso de la naturaleza al infinito, una niebla tallada en una imagen. Aforismos sobre D10S, sobre Leo Messi, aquel que liberó en cada jugada, cada niño que encarceló la profesionalización.

Mariano Jesús Camacho

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