Foto: Repsol Media
Motor Opinión

Marc Márquez, la perfección y la ‘bola 8’

  • El piloto catalán quiso ganar a lo grande el título de MotoGP 2019 e hizo su jugada maestra en la última curva.

Marc Márquez no pudo escoger mejor forma de celebrar su nuevo campeonato que con una mesa de billar. Y es que así ha sido su título de MotoGP 2019, con esa imagen de seriedad, pulcritud, perfección y precisión de la que presume el deporte del taco.

No fue el año con más victorias (aunque lo puede igualar si gana lo que resta de calendario) pero sí su año más regular. Sumando su primera plaza en este Gran Premio de Tailandia, lleva ganadas un total de nueve carreras y ha firmado cinco segundas posiciones.

Su única ‘pifia’ sobre el tapete de este Mundial de MotoGP fue en el GP de las Américas. Por aquel entonces el piloto de Cervera comparó su error con otro deporte, el fútbol: “Un jugador te falla un penalti cuando menos te lo esperas”, apuntó. Efectivamente, falló el penalti pero ese no era todavía el gol decisivo; sólo era la tercera carrera de la temporada.

Tras ese cero, aprendió de su error y no regaló a sus rivales ninguna oportunidad de hacerle sombra o arrebatarle el campeonato. Sin prisa pero sin pausa, bola a bola, fue fraguando el que podía ser su octavo título, el sexto en la categoría reina.

Así, el piloto del Repsol Honda llegó al Chang Circuit con 98 puntos de ventaja sobre Andrea Dovizioso. A pesar de que sólo necesitaba sumar dos más que el italiano para volver a saborear la gloria, el fin de semana comenzó complicado. Se fue al suelo el viernes, teniendo que pasar un chequeo médico en el hospital, y volvió a caer el sábado durante el clasificatorio. Pero pensar que un mal comienzo de Gran Premio estropearía los planes del #93 es no haberle observado bien desde sus inicios en el motociclismo. Siempre ha sido piloto ‘de domingos’ y este no iba a ser menos.

Foto: Repsol Media
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A la tranquilidad de salir por delante de Dovizioso, se sumó una escapada en carrera junto a Fabio Quartararo, que iba en cabeza. Con el mundial ya en el bolsillo, Márquez no pudo resistir la tentación, ni por él ni por su equipo, y quiso ganarlo a lo grande.

Como el profesional del billar que estudia su jugada mientras aplica la tiza azul en la ‘suela’ de su taco, el de Cervera observó al francés giro a giro. Cada movimiento, cada frenada, cada trazada… todo contaba para hacer su jugada maestra. Esta llegó en el último suspiro de la carrera, en la última curva. Sin dudas y sin titubeos tiró e hizo un ‘massé’ perfecto para meter la bola negra hasta el fondo. Una victoria más y el Mundial de MotoGP 2019 firmados por Márquez.

La alegría del box del español, incluyendo a su hermano, era como la del que gana por primera vez. Una explosión de saltos, de lágrimas y de abrazos que son la prueba irrefutable de que, aunque parezca fácil, no lo es. Las horas de trabajo, el esfuerzo y la constancia que supone ganar un campeonato, pero multiplicadas por ocho. Ocho veces campeón del mundo con 26 años, que se dice pronto.

Todos podemos ponernos ante el billar, coger el yeso azul, hacer como que sabemos lo que hacemos con el taco entre las manos y dar a la bola blanca. Pero pocos, muy pocos, son capaces de una maestría y perfección tal que, independientemente de cómo vaya la partida, consiguen prácticamente clavar cada tiro y hacer mil y un carambolas mientras el resto sólo pueden observar cómo sucede. Ese es Marc Márquez, continuemos disfrutando su legado.

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