María Vicente.
Reportajes

María Vicente, el Cisne negro del atletismo español

Con toda la cautela posible con la que se ha de abordar el brillo de una joven deportista que aún se encuentra en pleno proceso de formación, resulta sumamente complejo permanecer ajeno a la tan inmensa como poderosa irrupción de María Vicente en el atletismo español, y por extensión en el panorama mundial juvenil del citado deporte.

Toda acción dirigida al cuidado y la cautela de la evolución de esta atleta resulta absolutamente acertada pues María se encuentra cerca de formarse muscularmente de forma definitiva, pero quizás precisamente por ello atraviesa el momento decisivo que determinará su desarrollo deportivo a nivel profesional. Por lo tanto toda la mesura posible, además de sorpresa y admiración ante la que es ya un talento mundial.

María y la Teoría del Cisne Negro

María es el cisne negro del atletismo español, no en vano la Teoría de Cisne Negro (en mayúsculas) aborda los sucesos inesperados de gran magnitud, consecuencia y su papel dominante en la historia. En este caso el que podría tener María en el atletismo español y mundial, pues Cisne negro constituye un suceso absolutamente excepcional y todo apunta a que en el caso de María nos podríamos encontrar ante uno de aquellos sucesos tipo -en este caso del deporte- descritos por Nassim Nicholas Taleb en su libro del mismo título. La atleta representa un caso atípico, ya que se encuentra fuera del ámbito de las expectativas regulares, su aparición causa un impacto extremo y pese a su condición de rareza, la excepcional naturaleza humana de su presencia la hace tan explicable como predecible.

De padre cubano y madre conquense, nacida en Barcelona en 2001 y criada en una familia monoparental, apunta a marcar una época al menos en lo referente al atletismo español. Poseedora de 37 récords nacionales -18 al aire libre y 10 en pista cubierta- con solo diecisiete años pasa por ser posiblemente el mayor talento que se atisba en el atletismo de español.

Ramón Cid, director técnico de la Federación española de atletismo, así lo reconoce; pues no le cabe la menor duda de que en muy pocas ocasiones ha contemplado esa conjunción de talento, cualidades, progresión y tan alto grado de competitividad en una atleta. Quizás por ello el mero hecho de hacer cualquier declaración pública sobre María supone todo un ejercicio de mesura de Cid, pues todos los profesionales que se encuentran cerca de ella no quieren que el vértigo y el salto a la primera escena, a los focos de los medios de comunicación, perjudiquen a la consolidación profesional de una joven atleta con un talento de tales proporciones que es complejo encontrar precedentes similares en el atletismo español.

El positivo ascendente de su madre

María Vicente lleva desde los diez años subida a la alfombra voladora de su sueño, compitiendo y evolucionando desde los trece, casi siempre en vuelo pero con esos pies alados que posee sobre la tierra. En el CAR de Sant Cugat en el que se entrena es nombre de referencia por ser un genio de una pureza extraordinaria con una cabeza muy madura, privilegiada para su edad y entregada en el sacrificio que supone dedicarse a este deporte en el que no solo se compite ante los rivales, sino que se sustenta fundamentalmente en la superación personal, paso a paso, marca a marca.

Nadie duda de que la joven es un prodigio que tiene la fortuna de poseer además del talento, un ascendente emocional muy poderoso en la figura de su madre, María José, profesora de química en un Instituto de la Ciudad Condal con una base educacional edificada sobre los valores del deporte, pues fue atleta amateur, juez de atletismo y entrenadora.

Ella misma le abrió las puertas a aquel mundo, a las pistas de Hospitalet en las que creció, cuyos caminos son de tartán poroso, fabricados para reducir el impacto en las circulaciones del deportista, pero que en cambio no han podido frenar el tremendo impacto causado en todo técnico y profesional del atletismo que ha tenido la oportunidad de contemplar las cualidades del cisne negro del deporte español.

En su caso se podría hablar de precocidad, pero fundamentalmente ha de reflejarse una realidad a la que ya resulta imposible darle la espalda, especialmente tras la exhibición de María en la prueba de heptatlón en los Europeos sub-18 de Gyor, en la que logró la medalla de oro y un nuevo récord mundial. La campeona del mundo juvenil en Nairobi y primera plusmarquista mundial española sub-18, hito conseguido en marzo pasado en Antequera en la prueba de pentatlón, sumó 6.221 puntos subiendo a lo más alto del podio superando a Kristine Blazevica (5.629) y Chiara-Belinda Schuler (5.615).

Su metal dorado también en triple salto no ha hecho otra cosa que racionalizar a María de forma retrospectiva, este hecho constituye como suceso esperado, tanto por talento y sacrificio como por su natural evolución. Por tanto cuidemos a María Vicente, el Cisne negro del atletismo español y la más firme demostración humana de la citada teoría.

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