Opinión Reportajes

Ona Carbonell, a la altura de Mandela

El deporte es superación, constancia y fundamentalmente desafío, y lo mostrado y expresado por Ona Carbonell en los que han constituido sus séptimos mundiales, es la mayor demostración de todo ello. No era nada sencillo seguir la estela de una leyenda como Gemma Mengual, ex compañera y amiga con la que compartía el privilegio de haber acumulado el récord histórico de veinte medallas. Mucho menos retomar el ritmo de la competición tras un año sabático -circunstancia que llevo a cabo en las World Series de París-. Y fue precisamente en aquella competición en la que su derrota ante la no menos excelente japonesa Yukiko Inui, le hizo reflexionar sobre la necesidad de afrontar el enorme reto de resetear su ya indómita leyenda, renovándose, tomando una decisión absolutamente arriesgada pero grandiosa por su valentía.

La fuerza de las palabras

Ona dejó su mítica serpiente en las pretéritas aguas cristalinas en las que brilló durante su flamante carrera -con ella fue subcampeona del mundo en Budapest- y ‘se tiró a la piscina’ para mostrar una nueva Ona Carbonell. Seguía siendo la excelente deportista que ya había demostrado, pero en una disciplina en la que la música forma parte del todo, de la ejecución técnica y la expresión, optó por las palabras y el mensaje para superar a temibles rivales que prácticamente no tuvieron ni un solo error.

Nadadora con más trofeos mundiales

Por encima de todas estuvo sin duda la rusa Kolesnichenko, que pasó como un huracán por la piscina, con sus 95.002 puntos en su rutina de Survivor fue inalcanzable, estuvo impecable, siendo merecedora del oro de manera incontestable, pero tras ella la lucha épica entre Inui y Ona, puso toda la emoción al solo técnico.

La japonesa brilló a gran altura, demostró que su crecimiento sigue siendo espectacular, pero la española logró mantenerle el ritmo. Lo hizo en ejecución, fuerza, técnica, dibujo de figuras, el manejo del cuerpo y la cabeza en el medio acuoso. Paradójicamente en un medio tan estético y artístico como la sincronizada, Ona la superó por la expresión artística. Y es precisamente en este punto en el que ha radicado la grandeza de su plata, que la ha coronado junto a Natalia Ischenko como la nadadora con más trofeos mundiales y la tercera en el medallero individual histórico después de Phelps (33) y Lochte (27).

Mandela, el deporte crea esperanza y Ona lo demostró

Todo porque la de Vallvidrera se ha convertido en un ejemplo de atrevimiento, ha abierto una brecha hasta ahora desconocida en su disciplina deportiva, porque por encima de la música -en su rutina en un segundo plano- tronaron las magnéticas palabras de Nelson Mandela, su discurso en la gala de los premios Laureus del año 2000: “El deporte tiene el poder de crear esperanza donde una vez solo hubo desesperación…”, y los dibujos del cuerpo de Ona, sus movimientos para aquellas palabras, para el poder una barracuda, para la esperanza de Mandela, sus manos.

Una sucesión de espagats, tirabuzones, barracudas y grúas, que hicieron cobrar la dimensión que merece tanto Mandela como el deporte. Algo insólito en la sincronizada, el bello andamiaje de las palabras y los trazos del cuerpo de Ona, su capacidad de transmisión, tanta como para traspasar los corazones de los jueces y superar a la magnífica Inui.

En su éxito ha tenido mucho que ver sin ninguna duda su entrenadora, la japonesa Mayuko Fujiki, también Mandela, que como ella ha reconocido le ha ayudado allá donde esté, pero la grandeza radica en que solo una deportista elegida por el Olimpo de los dioses puede llegar a estar a la altura de un ser humano como Nelson Mandela. Y Ona se mostró como siempre y como nunca en el Mundial de Gwangjiu, haciendo cobrar sentido a aquellas palabras que quedaron para la historia y definieron a un personaje irrepetible, como logró hacer Ona Carbonell, innovando y haciendo entrar la sincronizada en otra dimensión.

https://www.youtube.com/watch?v=4CQQO3OhEzg

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