Reportajes

Pickles, un perro mundial

En 1963 y dirigida por Blake Edwards se estrenó “La Pantera Rosa”, una desternillante comedia protagonizada por Peter Sellers en el papel del Inspector Clousoe y David Niven en el papel de Sir Charles Lytton “El Fantasma”.

Argumentada en el robo de “La Pantera Rosa”, -una valiosa piedra preciosa en cuyo interior puede verse la silueta de una pantera- sustraída por el famoso ladrón de guante blanco conocido como “El Fantasma”, relata las peripecias de un policía francés de torpeza reconocida -el Inspector Jacques Clousoe- en la búsqueda de la valiosa joya y la verdadera identidad del escurridizo ladrón internacional. Una identidad que cree reconocer en la figura del playboy inglés Sir Charles Lytton -David Niven-.

El filme dirigido por Blake Edwards, que compartía el guion con el otro creador de los personajes, Maurice Richlin, está marcado en todo momento por la elegancia de Edwards y aderezado por la sensual y atrayente composición musical de Henry Mancini. Posiblemente la película de la saga con más glamour ‘sesentero’ y menos comedia de todas, pero sin duda la que marcó un hito en la historia del citado género. La historia tejida alrededor de la sustracción de un valiosísimo objeto y la aparición en escena del personaje del Inspector Clousoe -policía de gabardina, sombrero y perfil grotesco-, la antítesis de Sherlock Holmes, legendario y hábil personaje ficticio creado en 1887 por Sir Arthur Conan Doyle. Este último un “detective asesor” de Londres de finales del siglo XIX, que destacaba por su inteligencia y hábil uso tanto de la observación como el razonamiento deductivo para la resolución de los casos más difíciles.

La Copa Jules Rimet, la ‘Pantera Rosa del 66’

Foto: https://mashable.com

Y en la línea de casos difíciles de aquellos años sesenta, rescatada del fondo del baúl histórico del recuerdo, ubicada a medio a medio camino entre la comicidad y la documentación de la crónica deportiva, surge la rocambolesca historia del robo de la Copa Jules Rimet en el año 1966, tres años después del estreno de la extraordinaria comedia de Edwards. Como aquella, la historia de una sustracción que escandalizó al planeta, en las mismas narices de Stanley Rous -el inglés que dirigía el fútbol en la época-, que pretendía demostrar al mundo que los inventores del fútbol organizarían el mejor Mundial de la historia.

A solo cuatro meses de la puesta en marcha de un Mundial que iba a ser el mejor de la historia -pues de los ingleses no se podía esperar otra cosa- se vivió el primer gran escándalo que hizo tambalearse la aparentemente impecable y perfecta organización del Campeonato Mundial de Fútbol en el espacio geográfico e ideológico en el que tuvo lugar la invención de este deporte. En 1863 en la Freemasons’s Tavern, una taberna londinense frecuentada por las logias británicas, un grupo de masones dotaron de un marco a un deporte que sin tener un creador en concreto llevaba un tiempo expandiéndose por las Islas británicas. Deporte nacido como escisión del rugby al que dotaron de sus reglas fundamentales y su primera Asociación.

Con toda seguridad no exista más genuina zarza ardiente en el rodar del balón que aquella taberna en las que se escribieron sus tablas de la ley, ni mayor catedral que Wembley, por ello la anécdota vivida el 20 de marzo de 1966, cobró grado de relevancia mundial, tanto por inesperada como por la total seguridad de que Inglaterra en fútbol era el oráculo, y sus verdes praderas los primeros legajos históricos en que el balón comenzó a escribir su leyenda. Inglaterra se jugaba su prestigio, por la citada razón cuando durante la exposición filatélica celebrada en el Salón Central de Westminster, en Londres, fue sustraída la célebre Copa Jules Rimet, el escándalo fue de tales proporciones que tanto el Gobierno británico como Scotland Yard otorgaron al caso absoluta prioridad.

Operación rescate

Operación rescate / Foto BBC

Cuentan las crónicas históricas que fueron siete días frenéticos en los que la presión política y mediática apretaron con fuerza al cuerpo policial británico, que montó un operativo especial bautizado con el nombre de “Operación Rescate”.

La pulcritud británica quedó en entredicho y hasta la Reina Isabel II se interesó por un tema que se convirtió durante ese periodo en burla habitual para el resto del planeta. El gobierno británico llegó a ofrecer cuantiosas sumas de dinero por el rescate y se llegó a pensar en la elaboración de una réplica exacta de la obra de Lafleur.

‘Pickles’, el cuadrúpedo Clousoe

Pickles, el Clousoe cuadrúpedo / Foto: BBC

La resolución a esta novela policíaca llegó siete días después, un 27 de marzo de 1966, cuando Dave Corbett -trabajador de astilleros londinenses- sacó a su perrito ‘Pickles’ a pasear. Y este se empecinó en desenterrar un objeto semioculto y envuelto en papeles de periódico. El aguzado olfato del pequeño y curioso can albergaba la fundada esperanza de encontrar algo de comida en su interior, pero para desesperanza suya y sorpresa de su dueño, el misterioso objeto escondido no resultó ser otra cosa que la desaparecida Copa Jules Rimet, “La Pantera Rosa” de esta historia esférica.

Un suceso que permitió respirar aliviada a la policía británica y a las altas instancias, que convirtieron en héroe y leyenda a Pickels, que sin quererlo ejerció de Inspector Clousoe, dejando sin trabajo a Sherlock Holmes y en evidencia a Scotland Yard. Corbett -su dueño- recibió una jugosa recompensa en forma de 5.000 libras esterlinas y Pickels la merecida comida que no pudo encontrar entre aquellos papeles de periódico.

Teoría de la conspiración

Luego trascendió que Bletchley Edward, un exsoldado de 46 años de edad, fue autor del robo -aunque él en todo momento defendió ser un mero intermediario, que recibió quinientas libras por la citada fechoría- y responsable de tratar de chantajear a Joe Mears, por entonces presidente de la FA y el Chelsea Football Club, a pagar un rescate de

15.000 libras por el retorno de la estatua de oro sólido de nueve pulgadas.
Según apuntan las más fundadas teorías que se barajan al respecto, Mears aceptó el acuerdo, y se citaron en un encuentro clandestino con Bletchley en Battersea Park. Cita en la que previamente al intercambio intentó abortar y huir al sospechar de una furgoneta, un intento de huida que acabó con su arresto y su ingreso en la prisión de Brixton. Centro penitenciario en el que Bletchley intentó seguir negociando su libertad con las autoridades a cambio de la valiosa estatuilla. Una historia que concluyó con la certera actuación del anónimo can Pickles, el Inspector Clousoe cuadrúpedo que resolvió la trama mundial.

Un halo maldito

Recuerdo a Pickles / Foto: BBC

Rocambolesca e increíble historia la que se vivió en aquel marzo del 66 previo a la disputa del Campeonato del Mundo; con la “Pantera Rosa” -Copa Jules Rimet- como protagonista, trofeo al que dicen rodeó un halo maldito, pues cuentan que pocas semanas después de la recuperación del mismo, Joe Mears murió de un ataque al corazón provocado al parecer por el intenso estrés que vivió con esta historia.

Por su parte Pickles, en un notable ejemplo de la mala suerte, murió estrangulado por su propio collar tras la caída de un árbol mientras perseguía a un gato. Y Bletchley, que cumplió dos años de prisión por su participación en el robo, fue liberado, falleciendo poco después víctima de un enfisema.

Una comedia en toda regla que a los más conspiratorios dejó una rendija abierta a la posibilidad, de que aquella estatuilla encontrada por Pickles no fuera más que una reproducción perfecta de la obra realizada por Abel Lafleur. Y, por tanto, esta historia una gran mentira, una trama montada con la intención de lavar la deteriorada imagen proyectada al mundo por los organizadores y autoridades británicas en aquel fatídico 20 de marzo de 1966. ¿Quién sabe? Si Pickles ‘el perro mundial’ hubiera podido hablar en lugar de ladrar, quizás sabríamos cuánto hubo de verdad en esta novela policiaca…

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