Problemas en el paraíso bávaro.
Análisis

Problemas en el paraíso bávaro

Corren malos tiempos en el Estado de Baviera. El coronel Niko Kovac y sus soldados moran en la ciudad de Múnich con una palpable sensación de incomodidad. El conjunto alemán atraviesa una racha negativa que le ha desplazado hasta la sexta plaza de la Bundesliga.

La última bomba cayó el pasado sábado, en el Allianz, durante la octava jornada. El Mönchengladbach visitó a los rojos con la intención de sacar provecho de su mal momento. Y así fue, derrotando por 0-3, en uno de los estadios más temidos de Europa, al vigente campeón de la liga germana. Una calamidad, sin duda. Los propios jugadores lo reconocen y se lo hacen saber a su dirigente técnico. El más sonado ha sido James Rodríguez, desatado ante el Borussia. Después de recriminar a Kovac que no le alineara de inicio con más frecuencia, arrancó el sábado como titular y fue su peor partido de las últimas semanas.

No obstante, la culpa no es de los jugadores que conforman la actual plantilla del Bayern, ni siquiera del propio Niko. Los problemas del paraíso bávaro se suceden por culpa de una planificación estival suspensa.

Renovarse o morir

El Bayern de Múnich se mantiene encomendado a las viejas glorias. Con Ribéry y Robben como estandartes, Uli Hoeneß pretende que su equipo sea, en el año 2018, cerca del próximo, el mismo que fue hace cinco años, dominando por el viejo continente. Él mismo ha confirmado que esta será la última temporada de los dos extremos, a quienes les pesan los años y la propia experiencia. Sin embargo, el magnate alemán parece contentarse con lo habido, puesto que, en verano, no quiso fichar a ninguna estrella para sustituir a los que se fueron. Douglas Costa a la Juventus, ya vendido; Vidal al Barcelona o Juan Bernat al PSG dejaron un gran hueco en un Bayern al que se le notan las canas.

Se encomendaron los directivos a una plantilla con ambición, pero sin apoyos suficientes. Incluso todo se tornó mucho más oscuro aún. Las cortas molestias de ciertos jugadores como Boateng o, peor aún, Alaba -cuyo sustituto puso rumbo a París durante el mercado de fichajes veraniego- obligaron a Kovac a rotar en demasía a sus futbolistas, en detrimento de aquellos que necesitan ritmo constante para mantener su forma física.

Además, los jugadores no parecen contentos con la idea que defiende el técnico croata, muy focalizado en mejorar los aspectos defensivos. El Bayern de Múnich siempre ha estado caracterizado por utilizar un juego de posición muy agresivo, pero paciente, simultáneamente. Ahora, en cada partido que disputa, se ve a un conjunto muy áspero en aspectos tácticos, siendo limitado el abanico de recursos imaginativos de los que sus jugadores se hacen cargo para tratar de llegar a la meta rival.

Parece que la llegada de Niko Kovac, por lo tanto, ha hecho al Bayern abandonar el emblema por el que siempre se ha regido, un fútbol de posesión mimado y vertical como ninguno. Los Ancelotti, Guardiola y Heynckes se encargaron de potenciarlo y mejorarlo hasta el punto de hacer de él una auténtica obra de arte.

No obstante, el presente es mucho más dinámico y soporífero, con unos jugadores sobrepasados por la situación que no concuerdan con el único que podría salvar el caos bávaro. La única solución posible permanece en la insistencia y la consistencia, con el fin de la adaptación permanente. Si el estilo ha de cambiar, porque el dirigente técnico así lo requiere, sus jugadores deberán acatar aquellas órdenes que su entrenador les imponga.

El fútbol no es más que un juego basado en la táctica, la estrategia y el orden. Al final, si uno abandona su posición y crea un espacio vital por el que cualquier rival pueda internarse, das una posibilidad de ataque que tu jefe no esperaba conceder. Y estos fallos no hacen más que lastrar la idea y el pensamiento que el entrenador pretende llevar a cabo. No hay que olvidar, tampoco, que el mejor ataque es una buena defensa. Si se recompone la zaga bávara y logra formarse como un muro rocoso, volverá la tan ansiada posesión ofensiva que tanto recuerdan los seguidores rojos.

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