El refugio de MOussa y Kalifa
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El refugio de Moussa y Kalifa

El continente africano está repleto de sueños esféricos. A diario, miles de niños dedican sus horas a jugar al fútbol con lo que pueden y donde pueden. Tan solo algunos tienen la suerte de poder aprender de los mayores y soñar más fuerte con llegar a la élite.



A veces el refugio es tu única escapatoria. A más de 4.000 kilómetros de España viven Moussa y Kalifa, dos jóvenes de 16 años que desde Bamako (Mali) ven la realidad con unos ojos muy distintos a los de muchos chicos de su edad. A pesar de no tener recursos, la escuela de fútbol en la que entrenan les permite soñar como cualquier otro niño. Ambos se esfuerzan a diario para que alguien se fije en ellos. «Vamos todos los días a la escuela por falta de medios para ir a jugar a los grandes clubes. Nuestro objetivo es llegar a ser profesionales algún día», señalan.

Tanto Moussa como Kalifa tienen predilección por la liga española, aunque discrepan en jugadores: el ídolo del primero es Ózil, mientras que para Kalifa es Neymar. Son los mayores de la escuela, que abarca a niños huérfanos o con pocos recursos entre 3 y 16 años, y a la que no le sobran ayudas.

«Moussa se desempeña muy bien en el centro del campo, tanto en labores defensivas como ofensivas, mientras que Kalifa es un habilidoso extremo», explica el ‘profe Konate’, coordinador de la escuela. En África, el fútbol puede llegar a ser algo más que un inocente sueño. El peligro de las mafias y los falsos cazatalentos no es ajeno para chicos de este perfil.

En 2008, la FIFA prohibió tramitar fichas de menores de 18 años, con la intención de frenar la oleada de jóvenes que llegan a Europa para probar fortuna. El máximo organismo del fútbol calcula que por cada joven que llega a la meta de ser profesional, hay 20 que no lo consiguen, y la mayoría de ellos quedan abandonados a su suerte por las calles del viejo continente. Hay quien afirma que el número de jóvenes en esta situación supera los 200.000 tan solo en países como España, Francia, Italia, Portugal o Bélgica.

Este tipo de escuelas y proyectos de fútbol base les aísla, en cierto modo, del injusto y desequilibrado mundo que les rodea. Es su refugio, pero también una apuesta arriesgada. Un todo o nada por el fútbol, un todo o nada para que ellos y sus familias -o lo que quede de ellas- puedan soñar -tan solo soñar- con un futuro mejor.

José Antonio Vega.

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