River-Boca
Opinión

River-Boca, la final de la noche triste

En Argentina el fútbol se vive desde la entraña, pero para bien, por ello una gran mayoría de argentinos se avergonzaron de todo lo tristemente acontecido con motivo del encuentro de vuelta de la Copa Libertadores en el Monumental. También para un porcentaje importante de personas con una dilatada experiencia en la historia de esta pasión, el fútbol carece de la pureza que tuvo antaño.

La lacra de la barra brava

En este caso subyace un grave problema de trasfondo tanto político y social como educacional, pero es injusto generalizar pues al Monumental entraron y acudieron más de 60.000 personas -aficionados de River, muchos de ellos padres e hijos- de forma pacífica con la intención de vivir una fiesta. Una rivalidad histórica en la ribera que degeneró para mal, pues resulta obvio que no se puede mirar hacia otro lugar cuando a la lacra de la barra brava se refiere. De aquel grupo de violentos que equivocan el concepto del juego y desvirtúan el enfrentamiento metafórico, deportivo, convirtiéndolo en una auténtica guerra. De los desafortunados protagonistas de esta historia financiada, un mal instalado en Argentina durante ya demasiados años con la connivencia de políticos, dirigentes deportivos e incluso fuerzas de seguridad.

En este caso quien controla el barrio controla el mundo, y como las barras son aquellas que portan y se disputan la bandera pirata de sus calles, existen muchos interesados en que este grupo de violentos nunca dejen de existir, pues teniéndolos a mano pueden introducir sus mensajes políticos en el corazón popular. Es una triste y cruda realidad, pero la barra manda en el barrio y hasta los narcos han de ganarse su favor para hacer negocio, porque en esencia esta es una historia de lucha por el poder en la que el fútbol perdió toda su esencia.

Este grupo de radicales instalados en la guerra desde hace décadas -sea del equipo y color que sea- vuelcan la angustia y sus frustraciones, que reflejan en alguna medida la que se vive en el país, sobre el fútbol acabando evidentemente con la razón de ser de esta pasión. Quizás todo responda a que algo se rompió en la transmisión generacional, el tema económico y la guerra de intereses -y por tanto de poder- acabó con la pureza de este juego antaño de domingo.

Como cuentan en Argentina, algo huele a podrido en todo esto y la triste imagen proyectada al mundo es fruto de la decadencia que denuncian muchos argentinos. De la diligencia del fútbol en su país -también de la Conmebol- a día de hoy en manos de unos personajes que dejan mucho que desear y del bajo nivel de la clase política en el poder, incapaz de afrontar con eficacia y de manera garante la seguridad de un evento de tanta enjundia como toda una final de la Libertadores entre River y Boca.

En cualquier caso desde la redacción de Olympo Deportivo se quiere dar voz al argentino que vive el fútbol desde esa entraña para bien, para aquellos hinchas puros a los que verdaderamente la barra y la Conmebol les ha arrebatado la final de todos los tiempos y el Superclásico. Pues como muy bien cuenta Juan Román Riquelme, al argentino de bien se le robó una de las pocas cosas que aún seguían siendo argentinas, como el asado, el mate o el dulce de leche. Y es que tiene toda la razón cuando lanza una reflexión al aire aludiendo a que Boca tendrá que volver algún día al Monumental -o es que se va a jugar a partir de ahora fuera de Argentina- y alza la voz para hablar del amistoso más caro de la historia.

Mi noche triste

Aun siendo Madrid y el Bernabéu una ciudad y un estadio a la altura de una gran final, esta historia debió concluir el 24 de noviembre de 2018 –la noche en la que el fútbol perdió-, pues como decía Santos Discépolo -aludiendo al tango- se convirtió en ese pensamiento triste que se baila. Gardel debutó en España en el teatro Apolo de Madrid un 10 de diciembre de 1923; ahora justo noventa y cinco años más un día después, el 9 de diciembre se disputará la final de la noche triste. Pues entre Buenos Aires y Madrid, entre el Bernabéu y el Monumental sonará Mi noche triste, aquel tango de Carlitos que decía:

Cuando voy a mi cotorro y lo veo desarreglado,
Todo triste, abandonado, me dan ganas de llorar,
Me detengo largo rato campaneando tu retrato
Pa poderme consolar.

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