Sandra Sánchez
Reportajes

Sandra Sánchez, una talaverana con duende de Okinawa

Cuando un columnista neófito en la materia -como es el caso- se acerca a un mundo contemplado y conocido tan solo desde la óptica y el perfil que la industria del celuloide había dibujado del karate-do, comprender y descifrar a un personaje como Sandra Sánchez constituye el descubrimiento de un acervo cultural e histórico de una riqueza apasionante. Uno se percata, además, de la tremenda profundidad tanto del deporte que practica como del mérito de aquella que es considerada hoy como reina mundial de los kata en la actualidad.

El arte de Okinawa

Lo es mucho más cuando a través de ella se descubre a Gichin Funakoshi. Su camino, el del aprendizaje y las experiencias en la práctica del «arte», como lo llamaba él mismo, fruto de lo que le habían transmitido los muchos maestros de los que aprendió. Porque es curioso pero resulta fascinante comprobar cómo el pequeño duende que lleva en su interior transportó a una niña de cuatro años nacida en Talavera de la Reina que quería seguir a su hermano Pakito, -que practicaba karate para hacer ejercicio, mientras ella fue apuntada a clases de baile- hasta el mismo corazón la isla de Okinawa, y de ahí hacia Japón y su expansión por el mundo.

El duende de Sandra San

Y es que la historia de Sandra San -verla competir- es un viaje a los orígenes del karate-do, a la transmisión generacional de los sensei, a la capacidad de superación e interiorización de este arte que se convirtió en estilo de vida para la talaverana/toledana con un duende de Okinawa en su interior. El karate es disciplina, fuerza interior, una amalgama de formas y estilos de interpretar y vivirlo, el Shotokan-Ryu, el Ryuei Ryu, el Goju Ryu, el Shito Ryu… y Sandra San es fruto sin duda de su tenacidad y capacidad para convertir cada uno de ellos en razón vital.

Razón vital fue para el ‘llaverito’ -como es apodada- conocer a Jesús del Moral, su sensei, su gran ídolo, que en tantas ocasiones la rechazó para ingresar en el gimnasio del hoy seleccionador nacional y marido de Sandra. Razón vital fue también su necesidad de viajar al origen de todo, establecer conexión directa con la tierra y cultura nipona.

Quizá todo radica en su perseverancia, aquella que convenció a Jesús del Moral, pero la verdadera razón que subyace es que posiblemente en la vida de Sandra San, todo va mucho más allá, puesto que es sumamente difícil de comprender cómo en un cuerpo tan pequeño puede residir un duende tan enorme.

El duende de los grandes maestros como Inoue, Higaonna o Sakumoto, que constituyen toda una constante y pilar fundamental en su trayectoria, además de referentes en la competición como Rika Usami. Son ellos la que la transportaron a ese mundo con duende, con una potente raíz cultural y una expresividad tan interiorizada/exteriorizada como el baile, porque Sandra en esencia era eso lo que quería: vivir y bailar el karate-do. Y hoy lo vive, lo baila y lo aprende junto a Jesús, nunca dejan de aprender porque en el karate, en cada kata hay un proverbio, una nueva enseñanza y ahí reside el secreto, de la necesidad de aprender y enseñar en el eterno retorno.

Con las bolas de dragón como amuleto y Son Goku como animación de su niñez hace historia en un deporte tremendamente complejo, pues en los katas hay que ser un experimentado conocedor para enjuiciarlo con la precisión y sabiduría que realmente requiere. Tanto que a veces el ojo humano no está lo suficientemente preparado para diferenciar cuál ha sido el mejor karateka en ejecutarlo y expresarlo con mayor acierto, velocidad, potencia, plasticidad… Solo los grandes expertos pueden ser jueces, pues cada kata, cada movimiento, además de todas las características ya citadas posee un sentido, un significado nada fácil de interpretar.

Y los grandes expertos, aquellos que llevan ya un tiempo mostrando admiración por los karatecas españoles, coinciden en que Sandra es la mejor y en que la edad -37 años- es solo un número. Y Sandra San es la número uno, actual campeona mundial coronada en el Wizink Center de Madrid, en casa y ante la japonesa Shimizu Kiyou, la enorme rival que le ganó en 2016.

La medalla número 37 para una mujer sensei que comenzó a ganar a los 32 años, pero que inició la interiorización del karate-do a los cuatro años de edad, guarismo justo que refleja también los años liderando el ranking mundial. Números, son tan solo números, como el de 2020, el de los Juegos de Tokio, el próximo reto. Pero la clave reside en el interior de Sandra San, de donde surgen los katas y en cada uno de ellos las raíces y el pensamiento de oriente.

El día que la grulla cantó

Conceptos orientales e ideas, lenguaje y forma de pensar, en cierto grado formados por su íntima conexión con la destreza física. La del karate, que cuentan es tan viejo como el hombre, la de sus orígenes que permanece desconocido entre las tinieblas de la leyenda, echando raíces y ampliamente practicado en el Este de Asia entre gente adherida a varias creencias como el Budismo, Mahometanismo, Hinduismo, Brahmanismo y Taoísmo, expandidas con posterioridad por todo el planeta.

La de Sandra Sánchez, que en el tatami expresa a la perfección la paradójica contradicción del siguiente pensamiento budista: “Movimiento es no movimiento, no movimiento es movimiento”. Puro Sandra San…

Por todo ello dicen que el día que nació una grulla cantó en Talavera de la Reina, porque ese día un duende de Okinawa se posó en una pequeñina -que vino al mundo con un ‘Papuren’ bajo el brazo- para convertirla en transmisora de una filosofía, una forma de vivir el arte de un deporte y defensa personal con varios siglos de existencia.

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