Vinicius
Opinión Reportajes

Vinicius Junior, esa canción que comienza a sonar

Vinicius Jr. nació en São Gonçalo, municipio del estado de Río de Janeiro, enclave mágico en el que el fútbol abraza alegremente a la música. Cacau, profesor de la Escuela de São Gonçalo recibió al chaval de la mano de su padre con solo cinco años y, desde entonces comenzó a afinar las primeras notas de la bossa nova de ese juego de gran estirpe y sello que suena en cada rincón de su país. Los incipientes primeros versos esféricos de un joven cuyo nombre coincide con uno de los grandes creadores de Río, de Brasil. Vinicius de Moraes, excelso poeta, músico, periodista, diplomático… y bohemio de nacimiento. Pese a que la intelectualidad brasileña se mostró reticente a otorgarle el lugar que merecía, han sido muchas las grandes figuras y voces que finalmente le reconocieron como uno de los grandes poetas de las letras portuguesas.

Vinicius no era asiduo a los estadios, es más no le interesaba la prensa deportiva y mucho menos las apasionadas transmisiones de la radio. En cambio como un gran porcentaje de brasileños y brasileñas tenía muy claro que era torcedor, y en su caso era botafoguense, pues el fútbol -especialmente en Río- constituye una de las mayores expresiones artísticas y señas de identidad del pueblo. Concretamente V. de Moraes afirmó lo siguiente: “Botafogo. No se trata de una pasión, sino una seña de identidad para la ciudadanía”

El mero hecho de ver la luz al mundo en Río, al abrazo del Cristo Redentor o del Corcovado, ya implica una elección ineludible, la de torcer por un equipo de fútbol, aquel que te aporta una seña de identidad que te acompaña para toda la vida, desde la infancia hasta el último de los días. Bajo estos condicionantes creció el Vinicius que quedó para la memoria, aquel que fue grandioso artista, pues su voz tardía y sus precoces poesías, unidas en el camino creador al no menos genial Antonio Carlos Jobim, y al virtuosismo musical de Antonio Pecci Filho, Toquinho, contribuyeron a expandir el universo artístico de la identidad brasileña.

Su legado poético, creativo, resulta enorme, -más de 400 canciones- siendo de importancia capital el disco Canção do amor demais, publicado en 1958 e interpretado por la cantante Elizeth Cardoso, considerado como detonador de la explosión de la bossa nova, especialmente con el tema Chega de saudade.

Garota de Ipanema, una aparición llena de gracia

No dejó nunca de crear y fruto de aquellas creaciones llegó La Garota de Ipanema, una canción para soñar surgida de una historia real, la de aquella joven que pasaba casi a diario junto al legendario bar Veloso -hoy bar Garota de Ipanema-, ubicado en la antigua calle Montenegro -hoy calle Vinicius de Moraes-, con rumbo a la playa:

Olha, que coisa mais linda, Mais cheia de
graça, É ela, menina, que vem e que
passa, Num doce balanço, a caminho do mar.
Moça do corpo dourado, Do sol de Ipanema, O
seu balançado É mais que um poema
É a coisa mais linda Que eu já vi
passar

Con estos primeros versos de una canción brasileña universal Vinicius compuso con palabras lo que sentía al contemplar a Heloísa Eneida Menezes Paes Pinto, -Helô Pinheiro-. Aquella joven llena de gracia con solo dieciocho años, tostada por el sol carioca y de la que quedaron prendados Jobim y Vinicius. De su andar la creación, La Chica de Ipanema, una de las canciones más versionadas de todos los tiempos; cantada por Frank Sinatra, Cher, Madonna e incluso por Amy Winehouse.

De Moraes a Vinicius Jr.

Y de aquel transitar natural de la belleza, de la incipiente personalidad creadora de Brasil, quizás la conexión con el fútbol. Con este joven de dieciocho años llamado como el maestro y que apunta a ser como una de esas bellas canciones que comienza a sonar. Pues ha sido Vini ese garoto que ha irrumpido por la banda izquierda del Real Madrid, haciéndola suya -como aquel que va rumbo a la playa- y del que todos comenzamos a vislumbrar grandes cosas. El dulce balanceo camino del gol…

Fundamentalmente porque gracias a la aparición de estos chicos, el fútbol se vuelve a congraciar con el arte y el espectáculo, especialmente el fútbol carioca y brasileño. Pues en ellos reside la verdadera simbología del fútbol de siempre en Brasil, -de la que por un tiempo pareció renegar-, aquella que vuelve a encontrar varios e incipientes brotes verdes, como Arthur -ese futbolista que nunca la pierde en Barcelona-. Una manera de jugar que encontraba hasta hace nada a su máximo exponente en la figura de Neymar -genio que vive en una constante montaña rusa- e incluso en el decaído Coutinho -al que la presión parece poderle y hacerle claudicar-.

Por todo ello, por lo que propone y, con toda la prudencia que se ha de abordar todo lo referente al futuro de un chaval aun en crecimiento, la noticia de verle encarar sin miedo y comenzar a sonar en grandes escenarios como el Camp Nou o el Wanda Metropolitano, resulta todo un soplo de aire fresco para el fútbol. No será nada sencillo, Madrid es una gran ciudad y el Real un enorme equipo, el chaval ha encontrado el cómplice adecuado en Solari y se encuentra rodeado por grandes músicos que le enseñarán a cantar y tocar el mejor fútbol, pero resulta tremendamente complicado no perder la cabeza. La chequera repleta y el ego del elogio prematuramente desmesurado, juegan en contra. No le comparen, déjenlo pasar hacia la playa del juego…

De lo que no cabe duda es que este chico tiene ese ginga, ese duende, procedente de la mejor escuela de Río, de Flamengo; desprende felicidad, potencia, calidad, valentía -con las lógicas limitaciones en la toma de decisiones en las jugadas de un chico de su edad- y sus primeras rimas constituyen toda una alegría. Toda una aparición, como lo fue aquella garota que cautivó a Vinicius de Moraes y a Jobim, como la canción más versionada. Y es que justo ahora, cuando la canción de Vini comienza a sonar, es cuando hay que dejarlo crecer en su versión, que es la versión del fútbol brasileño de siempre, aquel que cautivó a todo su país y al resto del planeta. La que hizo bailar y danzar a la pelota, cuando rueda, cuando pasa llena de gracia…

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