WRC 2018
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WRC 2018: estabilidad ante todo

No ha pasado ni una semana desde el término del Dakar, y los amantes del motor ya tienen una nueva cita en el horizonte. Este jueves arranca el WRC 2018. 



El año se presenta como un año estable. La pasada campaña fue absolutamente movida: nuevos coches, un nuevo equipo, un tetracampeón en un otro coche y un desafío… Era un salto al vacío. Finalmente los Word Rally Cars de casi 400cv dejaron satisfechos a prácticamente todos por unanimidad. Sí, nunca tendrán la épica de los Grupo B, pero eran espectaculares y rompían registros de velocidad.

Todas las miradas estaban puestas en Sébastien Ogier y su adaptación al Fiesta WRC. La pregunta era si sería capaz de continuar su senda victoriosa fuera del equipo que le dio todo. El caso es que solo logró dos victorias, en Montecarlo y Portugal, pero fueron triunfos que valieron mucho más. Su rival más directo al título, Thierry Neuville, ganó el doble de pruebas y tramos. Sin embargo. el belga fue a remolque durante toda la temporada debido a más fallos de los permitidos a principios de temporada.

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Llegó a acercarse al liderato en varios momentos, pero Ogier no lo soltó, porque demostró ser el que menos falla, el más listo de todos. Encima logró algo que su predecesor, Loeb, nunca consiguió: un mundial con otro equipo distinto. El alsaciano formó una dictadura durante casi una década con Citroën, equipo al que precisamente volverá durante tres pruebas: México, Córcega y Cataluña. Nadie duda de su velocidad, lo ha demostrado en el Dakar, donde llegó a ir líder hasta su abandono.

Pero lo importante es que para el aficionado fue la mejor temporada en muchos años: Sébastien Ogier, Thierry Neuville, Jari Matti Latvala, Kris Meeke, Ott Tanak, Elfyn Evans, Esapekka Lappi. Estos siete hombres ganaron una prueba en 2017. No se veían tantos ganadores desde 2001, donde fueron ocho. Con una temporada precedente tan fantástica, es lógico que poco haya cambiado, ni siquiera la decoración de los vehículos difiere demasiado de la del año anterior. Porque si algo no está roto, no lo arregles.

M-Sport: el desafío más complejo

Durante muchos años se decía que el Ford Fiesta WRC era el vehículo más completo. Lo único que necesitaba era un fuera de serie para sacarle partido. Quizás lo más cercano fuese Jari Matti Latvala, pero si bien cuando tenía el día era imparable (dicho por el propio Ogier), al día siguiente era capaz de destrozar su coche. Fueron muchas temporadas entre pilotos mediocres o sin motivación, como Mads Ostberg, y futuras promesas como Ott Tanak o Elfyn Evans, que necesitaban tiempo para florecer. Y por si fuera poco, sin el apoyo total de Ford. El equipo se mantuvo gracias a la venta de los R5 y sus World Rally Cars.



Pero la gran oportunidad vino con Sébastien Ogier bajo el brazo, el francés decidió bajarse el sueldo, quería trabajar con Malcolm Wilson, porque»hay cosas que no se pueden comprar», refiriéndose a estar en un equipo tan singular como el británico. Ogier sufrió durante la temporada, no era un coche hecho para él, pero aún así seguía siendo rápido, seguía sin fallar. Algo que como hemos visto, resultó fundamental en conseguir su quinta corona. Sin embargo, hubo un invitado sorpresa, Ott Tanak, que sí había desarrollado el Fiesta WRC, se encontraba muy cómodo y no tuvo miedo a plantarle cara a su jefe de filas. Dos victorias en 2017, y el tercero en discordia. Fundamental para lograr el título de marcas para el equipo una década después.

Pero Tanak ha volado hacia Toyota, y su lugar lo ocupará un Elfyn Evans que también ha demostrado que ha madurado como piloto tras un par de años en el exilio. Sí, los neumáticos le ayudaron mucho a lograr su victoria en Gales, pero que a nadie se le olvide que por poco se le escapó el Rally de Argentina. No sabemos si el galés acabará siendo tan rebelde como su predecesor, pero M-Sport sabe que tiene dos pilotos fuertes para reeditar su título de marcas. Han logrado mayor apoyo de Ford a nivel técnico, quién sabe si eso ayudará aún más al equipo más pequeño de todos, pero que será contra el que irán todos.

Hyundai: resarcirse de la oportunidad perdida

El equipo coreano con base en Alemania lo tuvo todo para ganar, pero no lo hizo. Thierry Neuville volvió a quedar subcampeón, al igual que en 2016, pero esta vez tuvo oportunidad real de ser campeón del mundo, que se desvaneció tras dos primeros malos rallies. Llegó a tocar con la punta de los dedos el primer puesto, pero los accidentes en Alemania y Cataluña -recta final de la temporada- fueron el último clavo del ataúd para un equipo que se llegó a plantear poner cuatro coches en Gales y Australia. El gasto era grande; pero la recompensa, mayor.

WRC
Neuville, durante el WRC 2017.

Neuville plantó cara, pero Sordo y Paddon estuvieron casi desaparecidos, ninguno supo adaptarse al coche, apenas lograron resultados notables, y tuvieron su castigo. Tendrán que compartir el tercer coche este año. Siete pruebas para cada uno, más presión para demostrar al término de la temporada quién merece seguir en el equipo. Lo bueno es que cada uno estará en rallies que conocen bien.

Hyundai ha decidido tomar decisiones poco agradables, pero porque no quieren dejar escapar esta vez el doblete. Por ello, el segundo coche será para Andreas Mikkelsen. El ex-piloto de Volkswagen, a pesar de su indiscutible calidad, se pasó la primera parte de la temporada a bordo de un Skoda Fabia R5, esperando la oportunidad que sus antiguos compañeros sí tuvieron. Llegó primero de la mano de Citroën, que se encontraba perdida y desencantada. Tres rallies con un segundo puesto en Alemania a destacar. Sin embargo, el equipo asiático mostró más interés en él (posiblemente un cheque mayor, si hacemos cábalas) y le ha colocado a la altura de su estrella belga. Todo sea por aumentar la competitividad y, por ende, las victorias. Veremos si la apuesta es triunfadora o revienta.

Toyota: a por todo

Nadie esperaba que Toyota lograse su primera victoria en Suecia, en la segunda prueba, pero así fue. Se esperaba que tuvieran problemas de juventud en forma de problemas mecánicos, como el que arrebató una victoria segura a Latvala en Finlandia, pero no que cuando el coche funcionase, lo hiciese a un nivel casi tan alto como el de otros coches, en teoría, más desarrollados. El equipo nipón, comandado por Tommi Makinen, calló muchas bocas. Demasiado secretismo y aislamiento en los bosques finlandeses olían a fracaso para muchos. Pero un tipo que ha ganado cuatro mundiales consecutivos en una época donde cuatro o cinco pilotos se disputaban la victoria sabe una o dos cosas de este deporte.

Latvala llegó de rebote desde Volkswagen y se convirtió en el líder del equipo. Esto le dio la confianza que siempre ha necesitado. Una temporada mucho menos accidentada que otras anteriores, en un coche que, como Ogier, no estaba hecho para él. Se adaptó pronto al equipo y ha contribuido enormemente a la rápida evolución del Yaris. Sin embargo, la presión para él y para todos es aún mayor. Si han podido desempeñar un buen papel en el debut ahora tienen que mejorar de manera obligada. Latvala, además, tendrá a un tiburón a su lado, Ott Tanak, que no ha tenido problema alguno en luchar de igual a igual con Ogier. Tendrá que adaptarse al Yaris, pero que nadie espere un rol de primer y segundo piloto bien definido.

Hablando de cosas que nadie esperaba: Esapekka Lappi. Nadie duda que en unos años será campeón del mundo, pero que en su cuarta participación con un World Rally Car gane en Finlandia que, si bien es su casa, se enfrentaba a gente mucho más experimentada, fue un shock positivo para todo el mundo. Aún le queda experiencia, aún debe corregir errores de futuro, pero sus compañeros saben que si se despistan un sólo instante tendrán su aliento en la nuca.

Citroën y la supervivencia

El que fuera durante la década de los 2000 el gran dominador de la disciplina se encuentra ahora en la posición del rival más débil, y la situación no ha mejorado con respecto a 2017. Yves Matton, jefe del equipo, se irá a un puesto de más responsabilidad en la FIA, su primer piloto. La bajada de presupuesto les impedirá tener normalmente más de dos coches en cada rally. Kris Meeke, primer espada y cuya relación con el equipo de los dos chevrones no es la más ideal, en más de una ocasión ha cuestionado públicamente a su equipo. Lo primero fue poner en entredicho la decisión de quitar a Craig Breen durante las tres pruebas en las que Sébastien Loeb participa, y después desvelar que fue él quién decidió no participar en él para demostrar que los malos resultados cosechados no eran problema suyo, sino del coche.

Y si bien Meeke siempre ha tenido fama de ser como su mentor, McRae (pedal to the metal o victoria o abandono), el C3 WRC ha salido con un tren trasero difícil de manejar, algo dicho por todos los pilotos que lo han manejado, incluido Sébastien Loeb, a quién tuvieron que pedirle ayuda para desarrollar el coche a finales de año. De ahí la participación de la leyenda.

Curiosamente, el C3 WRC ha demostrado ser tremendamente efectivo en otros terrenos, como la altitud (victoria de Meeke en la tierra mexicana) y el asfalto (segundo puesto de Mikkelsen en Alemania y nuevo triunfo de Meeke en Cataluña). Pero aún da la sensación de que le queda mucho por mejorar con respecto a unos rivales que, por lo general, siempre estuvieron por delante. Tienen el margen de mejora más amplio, y teniendo en cuenta que los factores externos no juegan a su favor, volverán a tener la papeleta más complicada de todos los equipos. Sin embargo, aún no ha comenzado Montecarlo y cosas más raras se han visto.

Pablo Balbontín

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